Como inventor del mus, estoy deseando que me inviten a ese torneo que cada verano organiza Ignacio Núñez en Praia América. Los premios son de órdago: viaje a Las Vegas, crucero por el Mediterráneo, estancia en Eurodisney? Por eso, en mi calidad de auténtico renovador del mus moderno, figura indiscutible de este deporte de salón, se me hace difícil entender no haber obtenido una wild card para participar en el certamen.
He de aclarar, para los no entendidos, que la modestia es incompatible con el mus. Y, a la pregunta «¿Sabes jugar al mus?», la respuesta canónica es «¡Lo inventé yo!». Por esta razón, leo que la edición de este año ha sido ganada por el propio Ignacio Núñez, industrial del sector automovilístico y expresidente del Celta. Es evidente que, sabiendo de mi calidad indiscutible, este señor me tiene miedo. Porque si Manolo Barri y yo nos sentamos a la mesa con él y nos dan cartas, lo único que podemos garantizarle es que le enviaremos una postal desde Las Vegas.
Solo una justa prevención puede justificar que no haya sido yo invitado a este torneo. Sobre todo, después del anuncio a toda página que ayer leí en un diario, haciendo la crónica del evento. El subtítulo no dejaba lugar a dudas: «Participaron empresarios, profesionales y personas de todas las clases sociales». ¡Así que podemos incluso ir los parias!
Ya en el texto de la crónica, se especificaba más: «Participaron empresarios, abogados, arquitectos, profesionales de reconocido prestigio e incluso personas de todas las clases sociales». Por lo visto, se permitió entrar casi a siervos de la gleba. Lo cual me hace más difícil entender no haber recibido una invitación al campeonato, que es un open con todas las letras.
Confío en que Ignacio Núñez, que es un señor muy simpático, sepa reparar este error y que nos dé a Manolo Barri y a mí la oportunidad de perder como caballeros, aún en nuestra calidad de «personas de todas las clases sociales».
Por otra parte, estoy seguro de que Ignacio Núñez no quiso transmitir el mensaje que, sin embargo, transmitió. Es lo que tiene encargar textos a tipos que no saben escribir textos. Que la arman, mientras los especialistas, y me pongo en plan mus, andamos sin chollo. Porque la expresión «personas de todas las clases sociales» es ciertamente desafortunada. Me recuerda a otras dos declaraciones de esta misma semana. La primera es de la duquesa de Alba: «Lo estamos pasando mal, igual que todo el mundo, cada uno a su escala». Y la del vicepresidente de la CEOE, Arturo Fernández, que tiene nombre de actor: «El impuesto de patrimonio es un ataque a la clase media española? ¿Quién no tiene 700.000 euros?». Se ve que, aunque no lo parezca, ¡aún hay clases!
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