Desde hace 180 días, el gobierno de Vigo no está presidido por la política sino por las matemáticas. La política suele moverse a partir de intenciones y promesas. Las matemáticas lo hacen con hipótesis y conjeturas que, cuando se demuestran, se convierten en teorías. Y en esas anda el PSOE, tratando de probar -de convertir en teoría- la conjetura de Caballero: en una corporación de 27 concejales, un partido con 11 cuenta con mayoría absoluta.
Él la repite a diario. La grita a los cuatro vientos. La ha convertido en su bandera. Hace menos de seis meses, la conjetura estuvo a punto de demostrarse, para asombro del mundo matemático. Caballero lograba imponer sus tesis de la misma manera que si contara con mayoría absoluta: aprobó más salarios que nunca para los concejales, impidió una bajada de impuestos e impuso que el PP (13 ediles) tuviese tantos asesores como el BNG (3 ediles). Cosas de la morriña, el Bloque era su apoyo. Entretanto, el PP se había instalado en una anodina oposición y permitía -palmaditas en la espalda- que su líder Corina Porro hiciera mutis por el foro con coche oficial y sueldo en cuanto se vio perdedora. Caballero se envalentonó, proclamó su mayoría y empezó a tratar de deshacer en su segundo mandato todo lo que el BNG había construido en el primero. Cambió de premisas.
Entonces se reveló que la conjetura de Caballero es incluso más compleja que las de Fermat o Poincaré, que mantuvieron en vilo a los matemáticos durante siglos. Un día dice que cuenta con mayoría, entonces la oposición le impide pagar humanizaciones a costa de escuelas infantiles. Otro día el regidor sostiene que los números le dan, pues sus exsocios le obligan a eliminar letreros de Alcaldía. Ya proclama el alcalde que la conjetura es teoría, y van PP y BNG y echan por tierra su idea de suprimir el bus eléctrico del Casco Vello. Así que la conjetura (11>13+3, once es mayor que trece más tres) sigue siendo, para dolor socialista, simple conjetura. El gobierno quiere gobernar, la oposición decide.
Pero todo pudiera ser. Pese a los acuerdos plenarios, los carteles de Alcaldía se multiplican. No en vano, dentro del Concello a Abel se lo conoce como Dios. Y ya se sabe que, ni conjeturas ni hipótesis, Dios todo lo puede.