Vigo enlazaba el norte de Europa con los principales puertos americanos
28 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Aún no había un muelle donde amarrar y, sin embargo, cinco vapores trasatlánticos coincidían aquel 12 de enero de 1931 en la ría de Vigo. Los grandes barcos de la época fondeaban frente al malecón y los viajeros cubrían la distancia con tierra en pequeños botes.
La presencia del Orduña, Lipari, Cap Ancona, Córdoba y Orbita simbolizaba el enorme tráfico marítimo de pasajeros que registraba Vigo en aquella época. Aquel mes, el Ministerio de Trabajo hacía pública la estadística sobre emigración transoceánica del año anterior y Vigo aparecía en la cúspide del estadillo. Durante aquel año, abandonaron España, a través del puerto vigués, 16.527 personas, que se convertía en la principal puerta de salida de la península.
Todo el tráfico marítimo de pasajeros entre el norte de Europa y América, tanto al sur como al norte, pasaba por Vigo. Diez compañías se encargaban de establecer esa conexión, aunque solo una de ellas era española. La línea de América del Sur estaba en manos de la Mala Real Inglesa, que iniciaba sus rutas en Southampton y Liverpool; Sub-Atlantique, hacía lo mismo desde Burdeos; Chargeurs Reunis, desde El Havre, Burdeos y Hamburgo; Nelson Lines, desde Londres; Lloyd Norte Alemán, desde Bremen; Lloyd Real Holandés, desde Amsterdam; Hamburg Amerika Linie, desde Hamburgo; y Hamburguesa Sudamericana, desde Hamburgo.
La línea La Habana-Pacífico era cubierta por la compañía The Pacific, que tenía sus terminales en Valparaíso, Bermudas, La Habana y Liverpool. Finalmente, estaba la línea con Nueva York, en manos de la española Compañía Trasatlántica. El Alfonso XIII, Cristóbal Colón, Marqués de Comillas y Manuel Arnús realizaban un servicio mensual desde Vigo hacia Nueva York (costaba en tercera 513,70 pesetas más 8 dólares de impuestos americanos), seguía después hacia La Habana (555,25 pesetas) y concluía en Veracruz (598,70 pesetas). Además, había tres compañías españolas que asumían el tráfico entre los diferentes puertos de la península.
Las navieras tenían agentes consignatarios en la ciudad que velaban por sus asuntos, personajes como Estanislao Durán, Andrés Farina, Riestra o Antonio Conde. Los viajeros estaban obligados a presentarse en las consignatarias cuatro días antes de la partida. Para reservar el billete pagan un porcentaje y después tenían que solucionar los trámites burocráticos relacionados con la entrada en otros países. Durante el tiempo que echaban estas personas en Vigo, eran blanco de los timadores sin escrúpulos, que olían el poco pero apetitoso dinero que llevaban los emigrantes para iniciar una nueva vida.
En uno de aquellos trasatlánticos, el Oropesa, partirían desde Vigo hacia Buenos Aires, el príncipe de Gales, Eduardo, que más tarde abdicaría para poder casarse con Wallis Simpson, y su hermano Jorge, que sería el Duque de Kent. Este príncipe no es el mismo que reinó con el nombre de Jorge VI, protagonista de la historia que cuenta la película El discurso del rey. Claro que estos príncipes ingleses viajaban en primera.
eran otros tiempos enero 1931