La rehabilitación de O Berbés se ha convertido en una milonga. Una patética y triste milonga. Pero no porque el alcalde de Vigo le haya cogido el gusto al estilo peronista y el folclore argentino. La recuperación de la cuna de la ciudad se ha convertido en un engaño (la acepción coloquial de la palabra) porque los ciudadanos llevamos veinte años escuchando mentiras de los políticos.
Todas las administraciones han contribuido al alarmante deterioro de la plaza histórica. El Concello porque ha dejado que las casas de los soportales sean ruinas que van cayendo una tras otra; la Zona Franca porque convirtió el antiguo parque ajardinado en un mazacote de cemento para levantar un párking subterráneo; la Autoridad Portuaria porque ha creado una pantalla de naves industriales, a cual más fea, por todo el frente; y la Xunta porque desde que capitanea el consorcio para la recuperación del Casco Vello se ha olvidado por completo de esta zona y ha concentrado la mayor parte de sus inversiones en la parte alta del barrio.
La plaza de O Berbés simboliza lo que ha sido y es el urbanismo de Vigo: una práctica meramente especulativa en la que no cabe ni importa el respeto al patrimonio histórico. Edificios adulterados, ratas, letreros cutres y ornamentos horteras como las gamelas-macetero de un remedo de estanque son, hoy por hoy, uno de los principales escaparates de la ciudad. La incapacidad para revertir esta situación es una auténtica vergüenza y dice muy poco de nuestra clase política. O lo dice todo.