El Marco suma 800.000 visitantes

Jorge Lamas Dono
JORGE LAMAS VIGO / LA VOZ

VIGO

M. MORALEJO

El museo vigués celebra el próximo martes su décimo aniversario

11 nov 2012 . Actualizado a las 07:15 h.

En julio de 1990, Ricardo Bofill presentaba su proyecto para el antiguo edificio de los juzgados de Vigo. La piqueta abriría paso a la plaza de la Concordia, «la sala de estar de Vigo», en palabras del arquitecto contratado por el entonces alcalde Manuel Soto. Sin embargo, debido a la acción de políticos, como Xesús Costas Abreu, del estar se pasó al ser no sin antes conjugar el verbo esperar durante doce años.

Con 9,4 millones de euros (el 75% procedentes de la Unión Europea), los arquitectos Salvador Fraga Rivas, Francisco Javier García-Quijada Romero y Manuel Portolés Sanjuán cambiaron el ruinoso edificio de 1880 por un centro dedicado al arte contemporáneo. En noviembre del 2002, la estructura cultural viguesa estaba prácticamente en manos privadas, las de los bancos y cajas, y la idea de rehabilitar la antigua cárcel de la calle del Príncipe era recibida con cierto recelo por los círculos artísticos de la ciudad.

Atractivo vigués

Hoy, diez años después, los responsables del Museo de Arte Contemporánea de Vigo pueden esgrimir la cifra de 800.000 visitantes para acallar cualquier atisbo de duda. El Marco ha logrado ser uno de los atractivos de la ciudad, tanto por su oferta como por su excelente ubicación en pleno centro de Vigo.

Pero si el aumento de visitantes ha sido una constante del museo en su primera década, también ha mantenido una línea inversamente proporcional en la disminución de fondos. Por ejemplo, en el 2005, el museo contaba con un presupuesto de 1,8 millones de euros, mientras que en la actualidad, apenas sobrepasa el millón de euros, sin contar que ha perdido dos patronos, Novacaixagalicia y la Diputación, y aún le adeudan parte de sus aportaciones otros dos patronos, la Xunta de Galicia y el Ministerio de Cultura.

Los vigueses, desde aquel 13 de noviembre del 2002, saben que existen otras formas de observar la vida a través del arte y ya pocos, que no tengan prejuicios, se asustan ante una acción artista actual. El juego con el espacio realizado el pasado año por Martin Creed atrajo a miles de personas, que ya no contemplan un museo como un espacio sagrado sino como un lugar de uso.

A comienzos de este año, el proyecto Presenza activa convirtió el Marco en una especie de parque de atracciones en el que cada propuesta no solo planteaba una reflexión sino una interacción con el espectador. Ahora, en este contexto de crisis, se hace más necesario que nunca mantener aquellas actividades que recuerdan que el ser humano sigue siendo sensible.