Que venga Almunia

VIGO

31 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Ahora que ha bajado el volumen del ruido que tantos y tantos protagonistas secundarios y varios terciarios generaron en torno al tax lease, quizá sea el momento de replantearse con sosiego algunas cuestiones disparadas al calor del momento. Por ejemplo, fue estupendo levantar un muro imaginario empapelado con la fotografía de Joaquín Almunia y convertirlo en zona de tiro. Fue mucha la adrenalina que se descargó apuntando directamente a la cabeza del comisario de la Competencia.

No me extraña que a fuerza de considerarlo el único malo de la película, terminara por hacérselo. Durante semanas fue el muñeco de vudú en el que no paraban de clavarse alfileres. Y hasta rejones en algún caso. Abel Caballero, por ejemplo, echando mano de su calidad de alcalde de la ciudad a la que más le va en el envite, propuso nombrar a su compañero de siglas persona non grata. Algún empresario secundó la propuesta al tiempo que iba desgranando los mil y un epítetos, a cual más cruel, que le sugería el mero hecho de pronunciar el nombre del comisario.

En medio de semejante escenario, un amigo que algo sabe del sector me invitó a reflexionar sobre la situación. «Se están equivocando», me dijo. «Lo que se impone no es señalarle con todo nuestro odio, sino hacer todo lo posible porque nos quiera». Me pareció una idea estupenda.

Una forma de que te quieran es que te conozcan. Y eso es lo que habría que procurar que ocurriera en el caso de Almunia. Quizá mañana no sea el mejor día, pero igual dentro de tres o cuatro meses, se impone invitarle a la ciudad y organizar un recorrido por los siete astilleros de la ría. Que pise las gradas de cada uno de ellos y vea con sus ojos lo que significa para Vigo la construcción naval. Con lo que Bruselas, que queda tan lejos y a veces tan cerca, pudo acabar.

soledad.anton@lavoz.es