«Los 343 cabrones»

VIGO

02 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Un grupo de intelectuales franceses acaba de firmar «El manifiesto de los 343 cabrones». Se titula No toques a mi puta y en él defienden el derecho a disfrutar libremente de su afición a la prostitución. Estos dramaturgos, artistas, periodistas y conocidos profesionales galos se posicionan así contra el proyecto de ley que prepara el Gobierno del socialista Hollande para penalizar a quienes recurran a servicios sexuales con multas de hasta 3.000 euros. Su provocador escrito, que tiene el objetivo confeso de «joder a las feministas», reaviva el debate nunca resuelto sobre el abolicionismo.

Me hago una sola pregunta al respecto: ¿cómo saben los firmantes del manifiesto que «su» puta no es una mujer que ejerce obligada?

La Policía Nacional desmanteló en Vigo la semana pasada una red que esclavizaba a doscientas nigerianas en varios países. Es obvio que el sacrosanto derecho de elección al que apelan los intelectuales franceses (entre los que está el abogado de esa joya llamada Dominique Strauss-Kahn), y todos cuantos piensan como ellos en el mundo, también debería rezar para las mujeres forzadas bajo coacciones y amenazas a vender su cuerpo en contra de su voluntad. Por cada prostituta de lujo o de barrio chino que tiene claro dónde se ha metido puede haber decenas o cientos en la más absoluta clandestinidad, ya sea en locales de copas o en la calle.

Los «343 cabrones» son un reflejo de la amplia aceptación social que existe con la prostitución, tanto de la que se ejerce en un conocido garito pegado al aeropuerto como la que se produce al abrigo de unas sórdidas naves industriales en Beiramar. Ningún cliente les pregunta a las nigerianas que circulan por el puerto si las vigila algún mafioso. La única pregunta que hacen es esta: ¿cuánto?

diego.perez@lavoz.es