l Concello está a punto de cargarse una de las frases que intramuros familiares repetimos con cierta frecuencia: «En Vigo todo cuesta». Creo que hace años, con permiso de la abuela y autora intelectual, se la regalé como eslogan a un político con mando en plaza. Claro, declinó el regalo. Supongo que no tanto porque dejara-deja constancia de su empinada orografía, sino por el mensaje negativo que encerraba-encierra la segunda lectura de la frase, y que los vigueses sufrimos con altas dosis de estoicismo. Cuesta lo indecible contar con servicios de los que sí disponen ciudades a las que sextuplicamos en población, cuesta mucho hacer entender a quién corresponda que el hecho de estar en una esquina del mapa no implica que tengan que castigarnos con conexiones ferroviarias de segunda, ha costado lo suyo que Gallardón recule, cuesta encontrar ubicación para una biblioteca y está costando lo indecible que arranque la ciudad de la justicia.
Cuesta décadas aprobar un plan de usos para el Puerto, cuesta hacer que eche a andar una plataforma logística mil y una veces vendida desde los despachos, cuesta recuperar la construcción naval, cuesta entender que los diseñadores de un hospital que atenderá a una población de referencia de 600.000 personas no hayan reservado espacio para un laboratorio, cuesta...
Pues eso, que el Concello está empeñado en cargarse la frase. Eso sí, solo en lo de la orografía. Escaleras mecánicas y ascensores ayudarán a salvar algunas de las cuestas más peliagudas. El que quiera hacer pierna tendrá que ir pensado en anotarse en un gimnasio. Para lo que ni el Concello ni nadie han encontrado todavía solución es para superar las otras cuestas. Los vigueses lo agradeceríamos sobremanera. Lo de menos sería buscar otro eslogan casero.
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