«Aterra no poder pagar el alquiler»

Juan Manuel Fuentes Galán
Juanma Fuentes VIGO / LA VOZ

VIGO

<span lang= es-es >Tres situaciones difíciles. </span>Casiano, Angélica y Beatriz acudieron días atrás al Concello a presentar una reclamación después de esperar tres meses una respuesta a su solicitud de concesión de una ayuda de emergencia. Legalmente deben tener una solución en ese plazo de 90 días y por esa falta de respuesta dan por sentado que están aprobadas por silencio administrativo. Todos ellos carecen de empleo y sobreviven a salto de mata gracias a distintas subvenciones oficiales (risga, cheque social municipal, ayuda familiar tras el desempleo).
Tres situaciones difíciles. Casiano, Angélica y Beatriz acudieron días atrás al Concello a presentar una reclamación después de esperar tres meses una respuesta a su solicitud de concesión de una ayuda de emergencia. Legalmente deben tener una solución en ese plazo de 90 días y por esa falta de respuesta dan por sentado que están aprobadas por silencio administrativo. Todos ellos carecen de empleo y sobreviven a salto de mata gracias a distintas subvenciones oficiales (risga, cheque social municipal, ayuda familiar tras el desempleo). alba pérez< / span>

La Voz reúne a tres solicitantes de ayudas de emergencia. La crisis ha hundido a estas familias en la miseria

07 sep 2014 . Actualizado a las 12:32 h.

Como otras muchas familias normales, que viven modestamente pero tienen trabajo y por tanto ingresos, estas tres llevaban una vida ordenada. Pero en esto llegó la crisis y se llevó por delante su modo de vida y empezó una etapa de angustias, de carencia de los ingresos indispensables para comer, de la imposibilidad de pagar los recibos, de avisos de cortes de luz y de desahucios. En la mismo puerta del Concello que les ralentiza unas ayudas indispensables para sobrevivir hacen un relato doloroso de una realidad que está ahí al lado, pero que en la práctica solo conocen los que la padecen. Acuden para presentar un recurso contra el silencio a su petición de ayuda, que entregaron el 27 de mayo y que tres meses después, el plazo legalmente establecido, aún no ha tenido respuesta. La Voz los acompañó y, tras entregar el escrito, escuchó sus testimonios. Y una coincidencia, «lo primero en nuestra situación es siempre comer, pero nos aterra no poder pagar el alquiler».

Angélica Álvarez

Un matrimonio en paro. Angélica Álvarez Bello solicitó una ayuda de emergencia al departamento de Benestar Social del Concello vigués que, como su nombre indica, le era y es indispensable para hacer un poco más soportable su existencia. Con 47 años, lleva sin empleo desde el pasado mes de febrero, y su marido, de 49, se encuentra en la misma situación desde un poco antes. No acierta bien a explicar como consiguen salir a flote, aunque duda de que hayan alcanzado esta situación.

«Mi último trabajo fue en una conocida empresa de congelados, donde estuve un año como discontinua, pero se acabó. Mi marido, obrero, recibió en agosto el último pago del desempleo». En esas condiciones, ambos tiene que afrontar cada mes el pago de una renta de alquiler en Coia de 300 euros, el abono de los recibos y el mínimo para poner un plato en la mesa. «Afortunadamente, estamos los dos solos. Nuestros hijos son mayores y están fuera», explica Angélica.

-¿Y cómo lo conseguís?

Por toda respuesta, por lo demás expresiva, se encoge de hombros. Eso sí, reconoce que a fin de cuentas son casi unos recién llegados a esta situación de indigencia. «El año pasado no pedí el cheque social. Entonces todavía trabajaba y no me hacia falta. Este año sí lo he pedido y como los demás estoy a la espera».

Beatriz Lorenzo

Desempleada, con tres hijos y un desahucio a sus espaldas. La situación de Beatriz ofrece en apariencia una mayor complicación. Ella y su pareja (40 y 41 años, respectivamente) están en paro y tienen a su cargo tres niños de 8, 6 y 3 años. Carecen totalmente de ingresos desde que hace cuatro años él perdiera su empleo en el naval. Ella ha trabajado en la hostelería, pero está en paro desde junio del 2013, y asegura que «a los mayores de 30 años no nos contratan en ningún lado. Pero antes te enteras de que la oferta son 600 euros por 10 horas de trabajo», un salario bajísimo que relaciona con el exceso de oferta.

Cuenta con varias ayudas sociales, desde la paga de 426 euros del paro familiar de su marido en el pasado y ahora la risga (renta de inserción social, autonómica), 528 euros. Y ella durante tres meses la tarjeta de alimentos del Concello, con un saldo de 400 euros cada mensualidad, lo que les ha dado un pequeño respiro «pero se acabó en agosto», se lamenta.

Obviamente, son ayudas temporales y los cinco de la familia tienen necesidades diarias e inaplazables. «Pagamos 450 euros de alquiler, y antes tuvimos que depositar un aval que no nos resultó fácil de conseguir». ¿Motivo? «Hace tres años nos desahuciaron por no poder pagar el alquiler, y por tanto sé lo que es quedarse en la calle». Tiene avisos de corte de luz, «que ahora es más sencillo porque la compañía lo hace desde Madrid y por eso me urge cobrar la ayuda de emergencia. Quizás el Concello debería dejar de hacer tantas calles bonitas y aumentar el presupuesto para los que no podemos vivir». Y otra reclamación: «Que financien los recibos de agua y basura, que al ser municipales dicen que no van a darse dinero a sí mismos, ¿Y qué hacemos si no podemos pagarlos?», se pregunta.

El año pasado solicitó el cheque social, en la primera ocasión en que se convocaba, «pero quedamos fuera ya que ingresábamos al mes 20 euros más del máximo establecido, ¡4 euros por cabeza!», se lamenta. «También hemos intentando entrar en alguno de los planes de empleo municipales. Ignoro las causas, pero nosotros siempre quedamos fuera». Espera ahora a saber si este año le tocará el cheque social.

Casiano Soto

Una década en el desempleo con dos niños pequeños. En el ya lejano 2005, Casiano Soto, 57 años dentro de unos días, perdió su trabajo en la construcción y así sigue. Vive con su mujer, ama de casa, y dos hijos de 2 y 8 años. Mitiga su situación con el cobro de la ayuda familiar y una risga de 510 euros que su mujer empezó a recibir en abril. Con ello subsisten los cuatro y pagan un alquiler de 400 euros, pago que efectúa religiosamente ya que le horroriza el riesgo de un lanzamiento, aunque tiene claro que comer es siempre la prioridad. «Lo complicado es cuando tienes que elegir entre comer o pagar el alquiler», en su caso 300 euros todos los meses.

El año pasado logró el cheque social del Concello, «lo que fue un alivio y gracias a eso zafamos un tiempo», reconoce. No tiene confianza en volver a la actividad laboral, «aunque la esperanza es lo último que se pierde. pero en la construcción está muy difícil». Y piensa eso pese a que la crisis parece perder fuelle.

Días después de este encuentro Casiano recibió la ayuda aprobada, concretamente una de las dos de alquiler que había solicitado. Gracias a ello ha percibido 300 euros del Concello, con los que puede hacer frente a un mes del pago del piso en el que reside. «Ahora estoy pendiente de la otra», comentó ayer.