Los amantes de la naturaleza pueden ayudar a estas especies construyendo sencillas cajas nidos en lugares adecuados
28 mar 2017 . Actualizado a las 16:47 h.Hoy queremos animarles a hacer bricolaje, una actividad lúdica y familiar, por una buena causa. La cosa precisa un prólogo justificativo que tiene que ver con una observación directa. En el pequeño rinconcito de la ciudad donde vivo, la primavera está resultando felizmente ruidosa con el canto de los pajaritos, cosa mucho más agradable que el sonido de los GTI 16 válvulas. La percepción inicial nos llevaría a pensar que tenemos buenas noticias, pues muchas aves en la ciudad es síntoma de salud ambiental, pero el indicador resulta engañoso. La realidad es que no existe un incremento significativo de aves urbanas sino que dichas aves se concentran en menos espacio porque se quedan sin lugares donde vivir. Las humanizaciones, ya saben.
Asumiendo que el asunto no va a ir a mejor, nace la propuesta del bricolaje que acompañamos con un didáctico tutorial para hacer cajas nido que ayuden a nuestras desahuciadas avecillas a encontrar un lugar donde poder criar ahora que empieza esta delicada etapa de su vida. Para empezar, los materiales. Necesitamos una tabla gruesa de 140 X 15 centímetros una sierra, taladro para agujerear madera, martillo y puntas, fácil. El corte de nuestro tablón y el montaje es muy sencillo. Anoten un truco magistral: no clavar la base desde el fondo, sino por los laterales (para que con el tiempo no se caiga). Asunto delicado es determinar el tamaño del agujero de entrada.
En realidad, para cada especie de ave existe un diámetro ideal, pero si no queremos afinar tanto, una media de 4 centímetros es suficiente. Otra cuestión es el acabado final. ¿Se debe lijar la madera? Desde luego que no. Las rugosidades y astillas son un buen asidero natural para nuestras amigas ¿Y pintarlas por fuera? Tampoco es necesario. Con el tiempo se oscurecerán y evitamos químicos, en todo caso una manita de cera natural para impermeabilizarlas un poco y nada más.
La siguiente fase nos lleva a buscar un sitio adecuado para instalar nuestra caja nido. Un buen truco consiste en ponerse en el lugar de las futuras inquilinas. Seguramente ustedes no se sentirían a gusto en una zona fría y azotada por el viento, por lo tanto lo primero es la orientación. Si es posible evitemos que la entrada mire hacia el norte (el sur o sureste es la mejor opción). Más complicado es afinar la ubicación. Por defecto asumimos que un árbol es el lugar ideal, pero que por tamaño y porte merezcan tal nombre nos van quedando pocos, así que balcones, cornisas etc. son alternativas aceptables. Aquí tenemos que ser especialmente prudentes. Las aves no son idiotas, y ninguna instala el nido al alcance de sus depredadores. Para evitar disgustos buscan sitios camuflados, inaccesibles, o ambas cosas. Con ese buen criterio busquemos una ubicación que no sea fácilmente accesible, ni para bichos humanos ni de los otros, y en la medida de las posibilidades poco visible.
Lógicamente quien instale la caja nido sabrá donde está. Conservemos la información en secreto e incluso podríamos borrarla de la mente. El motivo tiene que ver con una tentación natural que debemos evitar completamente: ir a ver de vez en cuando si tuvimos éxito y si está ocupada curiosear lo que pasa en el interior. Aunque lo hagamos con la mejor intención, para las aves nuestra presencia abriendo su nido es la mejor señal de que ese lugar no es seguro. Es muy probable que esos vistazos arruinen el intento de cría y que los progenitores abandonen el nido y no lo vuelvan a ocupar los años siguientes. Pensemos que nuestra importante y gratificante labor termina en el momento de instalar la caja nido, a partir de ahí la cosa queda en manos de la naturaleza. No obstante, si les puede la curiosidad, observen de lejos las idas y venidas de nuestras inquilinas.
Una excepción a esta norma son las tareas de mantenimiento. Podemos ir una vez a retirar los restos del nido para evitar la acumulación de parásitos y que cada año las aves aporten nuevo material aunque esto no es imprescindible. Para hacerlo tenemos que asegurarnos absolutamente de que los pollos abandonaron el lugar. A finales de septiembre es la época más segura antes de que, si hay suerte, otras aves, e incluso murciélagos, se instalen allí para pasar el invierno.