San Simón, una ensenada desprotegida

VIGO

Estatua del capitán Nemo en la ensenada de San Simón.
Estatua del capitán Nemo en la ensenada de San Simón. M. Moralejo

Motos de agua, embarcaciones deportivas y vertidos atentan contra el espacio natural de la ría

30 jul 2023 . Actualizado a las 13:46 h.

Hoy hacemos un recordatorio de algo que no debería ser necesario pero al final comprobaremos que conviene recordar: la ensenada de San Simón es un espacio natural protegido desde el año 2001, cuando con el código ES1140016 pasó a formar parte de la Red Natura 2000 europea como lugar de importancia comunitaria y zona de especial conservación. Esta enorme ensenada, que a veces parece un lago de más de 2.200 hectáreas, tiene más valores naturales de lo que parece. Alguna vez describimos parte de ellos pero siempre quedan cosas por señalar, por ejemplo su enorme variedad de hábitats. Entre ellos está el que ocupa la mayor superficie y más evidente, el de grandes ensenadas y bahías poco profundas con bancos de arena que están ligeramente cubiertos por agua de mar todo el tiempo, pero se incluyen también zonas catalogadas de apenas media hectárea de rocas silíceas con vegetación casmofítica (que con tan tremendo nombre agrupan las plantas que crecen en los muros) o también pequeños espacios con zonas de Salicornias y otras plantas de arena. En total, nada menos que dieciocho tipos de hábitats naturales diferentes están identificados en la ensenada. Con semejante variedad de lugares donde vivir se imaginarán que la biodiversidad es igualmente variada. Para hacernos una idea, solamente de especies mencionadas en alguna directiva europea de conservación tenemos 24 especies de aves, 4 de mamíferos y un anfibio (nuestra ilustre píntega rabilonga). Pero además de la figura de protección de Red Natura, la ensenada bien se merecería estar, e incomprensiblemente todavía no lo está, dentro de las ZEPA europeas (Zonas de Especial Protección para las Aves) teniendo en cuenta que solamente en invierno más de 3.500 anátidas (lo que vienen siendo patos) escogen este lugar como zona de alimento y refugio.

Motos de agua

Decíamos al principio que solo queríamos recordar que hablamos de un espacio natural protegido porque no lo parece. Durante la temporada de verano, y especialmente los fines de semana, es frecuente ver motos de agua haciendo competiciones de «a ver quien es más fantasma a velocidades de 30 nudos pasando por la desembocadura del río Verdugo, o incluso remontando el río a toda velocidad con grave riesgo para la integridad de las personas que disfrutan de las playas fluviales, entre las islas Alvedosas y las salinas de Ulló, Cesantes, etc. cuando la velocidad máxima permitida en estos espacios es de seis nudos. Estas exhibiciones de velocidad tienden a ser más intensas cuanto más cerca de las playas y con más gente mirando (el gen fantasma suele activarse de forma aguda cuando hay público). Las embarcaciones de recreo no se quedan atrás en estas exhibiciones de velocidad. Cuesta también pensar que estamos en un espacio natural protegido cuando vemos los constantes vertidos de aguas residuales directo al mar sin la más mínima depuración, o a medio depurar cuando tras una lluvia torrencial las depuradoras se desbordan. Cuesta creerlo cuando ves, a un par de metros de la costa o de los pequeños puertos aparejos de pesca fondeados que, según la ley, deberían estar al menos a cincuenta metros de distancia de tierra y a cinco metros de profundidad, o cuando ves el furtivismo, o que se siga utilizando maquinaria para limpiar de algas las playas, como si las algas (vitales para que exista el ecosistema) fueran basura.

Deberíamos creernos en serio que se trata de un espacio protegido, y que además lo parezca más allá del papel. Y no imaginemos lo que sucede en los espacios litorales que no están protegidos.