
Noemí Camacho vivió en el edificio siniestrado pero marchó por el jaleo
19 oct 2023 . Actualizado a las 21:35 h.Caminito al motel Caribe hay un charco enorme que no se puede vadear de una zancada y alguien ha colocado unas maderas para no meter los pies en el fango tras el agua que ha caído con fuerza estos días. Al otro lado del charco hay una senda que conduce a un poblado chabolista donde se levantan desde 1998 una decena de casas construidas con maderas y lonas que se sujetan con neumáticos viejos. En una de ellas viven Noemí Camacho, de 31 años y Valentín Jiménez Barrul, de 42. Son primos de la fallecida Rosana Gabarri y su marido Emilio Barrul. Ambas parejas eran uña y carne Las dos se dedican al transportes y venta de chatarra para poder comer. «Hoy no tengo comida», confiesa Noemí. «Yo también estuve viviendo en el edificio que se incendió en Alfonso X el Sabio pero me fui de allí hace un año porque había mucho jaleo. Le dejé la casa a mi tío», comenta la joven que está indignada porque a Rosana no le concedieron la ayuda para el alquiler social, lo que le ha costado la vida a ella y a tres de sus hijos, al residir en un piso con enormes deficiencias advertidas por los bomberos en el me de septiembre .«A mi la Xunta me acaba de conceder a finales de septiembre una ayuda para alquiler social y estoy esperando a mudarme a un piso cuando me lo entreguen, posiblemente en enero», señala Noemí que se enorgullece de haber nacido le mismo día en que murió Camarón de la Isla. Cuenta que «Rosana pidió la ayuda casi a la vez que yo y no se la dieron. Yo la pedí el año pasado y en agosto volví a presentar la solicitud.»
La vida en las chabolas de Navia cuando llegan las lluvias y el invierno es muy dura. Noemí se despierta todas las mañanas por un frío húmedo que le perfora el pecho. «Me despierto todos los días a las cinco de la madrugada y me tengo que secar el cuerpo con el secador de pelo porque me duelen los huesos», dice esta joven de 31 años que es originaria de Ferrol y vino a Vigo hace doce años y se enamoró de Valentín. «Yo he vivido en la calle, en los soportales del edificio donde está Comisiones Obreras y en una nave abandonada del Camino del Caramuxo que derribaron hace dos años», señala la ferrolana a la puerta de su chabola prestada por sus tíos y que es una casa de madera de una sola estancia, aunque una parte está ligeramente separada del resto. Afuera una bañera de bebé sirve de lavadero para lavar la ropa ya que no hay dinero ni potencia eléctrica para una lavadora en una casa apenas iluminada por dos bombillas macilentas. Al fondo se vislumbran los restos de la chabola en la vivió Rosana con sus niños antes de okupar Alfonso X. Están casi ocultos por las zarzas y silvas que emboscan a los pocos gitanos que siguen ahí, frente a las torres de Navia.