
La asociación cultural del barrio homenajea a diez luchadoras de la antigua villa marinera
30 ago 2025 . Actualizado a las 17:22 h.«Quen non lembra os caramelos, os chicles Bazooka de tres pisos, as pipas e os primeiros caramelos que vendía Loli cando iamos ao cine Maravillas? Na memoria está a peseta, que nos daba para a entrada do cinema e para as pipas que algúns facían voar dende o poleiro ás butacas»». Dolores Fernández Lago nació en Bouzas en 1918 y murió hace tan solo tres años. Bajo la glicina de la pérgola de Eduardo Cabello, la Asociación Cultural Vila de Bouzas pone en valor la trayectoria de las mujeres corrientes que construyeron la intrahistoria del barrio, la mayoría de ellas sin grandes hazañas, pero con muchos méritos, aportando todas esfuerzo al bien común de la antigua villa.
Esas mujeres, y otras, han pasado desapercibidas frente a las figuras de Suárez Llanos, Camilo Veiga o Eduardo Cabello. De ahí que la entidad cultural exponga en la pérgola, situada frente al Instituto de Investigacións Mariñas, una muestra contando las historias de Elas, As de Bouzas, serigrafiadas en banderas de lona ancladas a las columnas de piedra. La exposición lleva como subtitulo: Visibilizando as nosas mulleres, contar con ellas e contalas. El soporte tiene la porosidad suficiente para que no se haga un efecto vela y los pósters no se vuelen. «Es la tercera edición y hemos mejorado con los años», cuentan desde Vila de Bouzas, que ya suma 300 miembros y tiene asociados hasta en A Coruña, como Miguel Montenegro, un editor boucense de nacimiento que vuelve al barrio vigués en verano. Él y cientos de personas se paran a leer las historias. «Todo el mundo conoce alguien a través de su familia». Tal es el éxito de la muestra, que se va a prolongar hasta la primera semana de septiembre.
La iniciativa surgió hace tres años de años por las inquietudes culturales de un grupo de personas que quieren dinamizar la antigua villa, recuperar su historia, tradiciones y poner en valor ejemplos de mujeres que «no tienen una calle como muchos hombres», subraya Paz Cardoso, presidenta del colectivo. Entre las diez imágenes de este año aparece la de Loli que, además de vender pipas en el cine, trabajó en O Berbés, donde era conocida como Lola de Bouzas. «Vende o peixe no mercado de Bouzas, xoia arquitectónica de 1903 que albergaba o barullo das vendedoras de peixe, carne, verduras e froitas ou o pan traído do Porriño. Alí fíxose popular e traballou no seu posto moitos anos», cuentan las investigadoras que se pasan todo el año escarbando entre conocidos y familiares para recuperar la memoria de la villa.
En la exposición se muestran mujeres nominadas este año y otras que parecen en miniatura son de las dos primeras ediciones. La exposición se hace en una plaza que la mayor parte del año esta infrautilizada.
La más antigua de la muestra es Marciana Ángel. La mujer, nacida en 1875, fue muy luchadora desde joven, madre de diez hijos que ejerció de comadrona. «Nuhna galerna no 1930 naufragaron catro barcos de Bouzas e morreron 42 mariñeiros, entre os que estaban catro fillos da señora Marciana. Ao coñecer a noticia, a súa filla, que padecía do corazón, tamen morreu». Al terminar la Guerra Civil, uno de los hijos que le quedaba vivo, de 16 años, fue con la cartilla de racionamiento a la Panificadora. Al ver que había gente muy necesitada y que no recibía nada, protestó y volcó un bidón de aceite. Lo detuvieron y llevaron preso a San Simón y, según relatan en la exposición, le condenaron a muerte. Pero Marciana cogió una chalana y se plantó en la isla de San Simón diciendo: «Xa me morreron cinco fillos, non me morre ningún máis». En consideración a su madre, al joven le conmutaron la pena de muerte por el destierro. Marciana de Bouzas murió en Tenerife a los 85 años, en 1961.
Ahora que está en debate la conservación de Alfageme, la muestra también recuerda la historia de Angelita Saínza Castro, que nació en Bouzas, en el callejón de la Jaineta, La marea entraba y salía de las casas los días de temporal. Su hija Marité recuerda cómo se mojaba los pies dentro. Entonces no existía el paseo.