La eutanasia del oso Carmo no fue eutanasia
VIGO
El Comité de Ética Asistencial del Área Sanitaria de Vigo aclara la terminología correcta aplicada a los animales
14 oct 2025 . Actualizado a las 12:38 h.Hace unos días leíamos una noticia en los medios de comunicación: «Fallece el oso Carmo, uno de los animales más queridos del zoo de Vigo». Y a continuación, bajo una foto del animal en el Hospital Rof Codina de Lugo donde se le realizó una TAC, la entradilla decía: «Fue sometido a una eutanasia tras detectársele un tumor irreversible para evitar su sufrimiento». Dirigimos este escrito con la intención de aclarar algunos aspectos relativos al uso del término eutanasia. No es nuestra intención en absoluto criticar la redacción de la noticia por parte de los medios de comunicación, que probablemente han reproducido la expresión empleada por los veterinarios a propósito del infortunio del oso Carmo. Tampoco trasladamos la crítica a estos últimos, que a buen seguro han utilizado un vocablo que en la actual terminología veterinaria es correcto y ha sustituido al término sacrificio, obsoleto y no exento de connotaciones negativas. Si desde este Comité de Ética Asistencial hemos tomado la iniciativa de escribir estas líneas es solo con el propósito de ser pedagógicos y acercar al ciudadano al uso de esta palabra. La palabra eutanasia proviene del griego y significa buena muerte, refiriéndose a un final de la vida apacible y sin sufrimiento. Sin duda en este sentido los veterinarios facilitaron al oso Carmo la eutanasia (una buena muerte) administrándole fármacos que le causaron un final sin sufrimiento ante la perspectiva de una enfermedad incurable que le iba a producir terribles padecimientos.
Pero aquí encontramos una gran diferencia respecto de la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo de regulación de la eutanasia (LORE), en vigor desde el 25 de junio de 2021. Esta ley regula el derecho de las personas a solicitar y recibir la ayuda necesaria para morir, permitiendo la despenalización de la muerte asistida en ciertas circunstancias de sufrimiento grave y continuado debido a una enfermedad grave e incurable
La iniciativa de proporcionar la eutanasia al oso Carmo fue de los veterinarios que le atendían, a buen seguro con buen criterio y guiados por una sana compasión por el pobre animal. Sin embargo, debe quedar muy claro que hoy en día, en Medicina, referido a los seres humanos, solo cabe utilizar el término eutanasia para referirnos a una intervención cuya finalidad sea administrar medios que causen la muerte de un enfermo, exclusivamente después de una solicitud voluntaria, consciente y reiterada por parte del propio paciente. Muy lejos quedaron los tiempos en los que se hablaba de eutanasia directa o indirecta; activa o pasiva, etc. Esta terminología resultaba compleja y no hacía sino colaborar en la confusión y la sensación de inseguridad de muchos ciudadanos, por lo que ha de considerarse obsoleta y superada. En junio de 2021 entró en vigor en España la Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia (LORE).Con ella se ha introducido en el ordenamiento jurídico un nuevo derecho individual: el derecho a solicitar y recibir la ayuda necesaria para morir en las condiciones determinadas por la Ley. Estas condiciones (contexto eutanásico) que exige la LORE para que un paciente pueda solicitar la prestación de Ayuda para Morir son: que sufra «un padecimiento grave, crónico e imposibilitante» o una «enfermedad grave e incurable» (que hayan sido acreditados médicamente).
El objetivo de la LORE es dar una respuesta jurídica garantista ante este tipo de demandas. No existe, por tanto, ninguna posibilidad de que otra persona pida la eutanasia para un paciente que no la ha solicitado y/o que no está en condiciones de solicitarla por sí mismo.
En resumen, podemos aplaudir que los veterinarios del Hospital Rof Codina le hayan proporcionado la eutanasia (una buena muerte) al oso Carmo guiados por la beneficencia y en su afán de evitarle sufrimiento.
Pero recordemos que la eutanasia tal como recoge la LORE (sin duda la más garantista de las leyes actuales respecto de este tema) exige que sea el propio paciente -y solo él- en ejercicio de su autonomía el que solicite expresa y reiteradamente la prestación.