Los propietarios del Lino llevan medio siglo de actividad con un carácter familiar y con llenos en temporada alta. Cada planta del establecimiento próximo a la estación de Vialia está dedicada a uno de los sentidos
13 feb 2026 . Actualizado a las 11:47 h.La fachada del Hotel Lino impresiona por su belleza clásica ecléctica a la salida de la estación de Vialia Vigo. A su lado hay otros de diferentes categorías, pero el Lino sobresale al primer golpe de vista por su majestuosidad y por un escaparate sugerente que invita a tomar café en un ambiente cálido. Está decorado con una antigua tostadora y desde el exterior se pueden ver las viejas maquinas de coser Singer que tiene de exposición.
El hotel ocupa dos portales de la calle Lepanto, el numero 26 y el 28. En la esquina con la Bajada a la Estación, al entrar en la acogedora sala, hay clientes que están terminando de comer. «El Lino es el único establecimiento de la zona que ofrece pensión completa», explica la dueña, Irene Rodríguez, nacida en Venezuela hace 62 años. De sus buenos platos han disfrutado numerosos clientes, muchos de ellos viajantes y comerciales, pero también tuvieron a un mafioso italiano «que estuvo alojado aquí dos o tres meses», Era de la zona de Nápoles y, naturalmente, no despertaba sospechas. Pero la policía le buscaba y finalmente le detuvo en Portugal. «Todavía está en la cárcel», apunta el marido de Irene y copropietario, Benito Sanz Rodríguez.
Benito recorre las mesas y pregunta a los clientes si desean algo más para la sobremesa. Una de las personas asiduas al local, Anabel Martínez, señala que el alojamiento «es el lugar perfecto. Está cuidado y el trato es muy familiar», dice esta mujer que trabaja en la misma calle y es asidua del establecimiento desde hace 28 años. La plantilla está formada por la familia propietaria desde hace 50 años, con sus dos hijos y cuatro personas más para atender todos los servicios que ofrece. El día a día requiere mucho esfuerzo. Benito Sanz es originario de Lobios y tiene esa mentalidad de esfuerzo de los ourensanos, a pesar de que podría estar ya jubilado con 67 años. «Empiezo a las seis de la mañana con los desayunos y estoy trabajando hasta las doce de la noche», asegura. Ahora se permite dejar de trabajar los fines de semana al mediodía. Ayudando a su mujer en la cafetería y el restaurante está su hijo mayor César, de 43 años y el menor, Diego, de 42, atiende la recepción por las noches.
Tiene categoría de dos estrellas pero aparenta más cuando se llega a un vestíbulo que esta decorado con el plano de las líneas de metro que unen a las principales ciudades europeas. Es un guiño a la clientela internacional y española que acude al concurrido establecimiento, que está en pleno auge. Sus llamativas butacas, cada una diferente, y sus flores, le dan un toque art decó de Miami. El lema son los cinco sentidos y es que cada planta está dedicada a uno de ellos.
Aunque el edificio original es de 1898, como figura en una placa de granito labrado, en realidad solo lleva poco más de medio siglo funcionando con los dueños actuales. El hotel se llama Lino por su dueño original, Lino González García. Ocupaba solo el solar número 28, que es el que hace esquina y donde se ubica la cafetería comedor, dotada también de un despacho de loterías. «Lino se lo vendió a mi suegro después de que este regresase de Venezuela. El padre de mi mujer había trabajado allí en diferentes negocios de hostelería y decidió comprar el hotel, que entonces era mucho mas pequeño. Solo tenía el bajo, dos plantas y una buhardilla. Eran apenas seis habitaciones sin baño propio. Para alzar el edificio tal y como está ahora, se necesitaron «muchas horas de trabajo». En 1996 adquirieron el inmueble colindante, una hostal llamado La Antigua Brasileña luego rebautizado como La Nueva Brasileña. Unieron los dos edificios y los reformaron por completo. Ahora suman 44 habitaciones, 38 de las cuales son dobles y 6 individuales. En una de ellas pasó un fin de semana el exdirector general de la Guardia Civil, Luis Roldán, cuando salió de la cárcel después de su fuga y condena. Iba acompañado de su hijo.
De venezuela a Vigo.
Primos. El matrimonio propietario se conoció cuando los dos eran niños. «Somos primos hermanos», cuentan. Irene vivía en Venezuela y en 1975 regresó a Vigo con su familia, «el día que tomó posesión como presidente Carlos Andrés Pérez». «Yo tenía solo quince años cuando nos casamos y aquí seguimos», dice ella, y ambos bromean sobre lo que supone estar casados desde hace tantos años y trabajar juntos. Pero lo llevan bien. Benito Sanz es originario del municipio ourensano de Lobios y ha sabido inculcar la mentalidad del esfuerzo a toda la familia.