La doble moral de la doble fila

XOSÉ A. PEROZO

VIGO CIUDAD

LA GOTERA

02 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO APARECIÓ el Seat 600, la auténtica revolución consumista del franquismo, el humorista Antonio Mingote publicó dos viñetas que definían con total diafanidad el cambio mental que aquel cochecito estaba imprimiendo a los españolitos de clase media, muy media, que aspiraban a media alta por el camino de la motorización . En una viñeta se veía a un peatón protestando contra un haiga de un señor con chófer porque el auto casi lo atropella en un semáforo. En la siguiente viñeta el bueno del protestón asomaba su cabezota por la ventanilla del mítico seiscientos e insultaba a un viandante llamándole nada menos que ¡peatón! . El chiste era un buen ejemplo de la doble moral que prácticamos, según estemos en una u otra línea de la frontera vital. Algo así sucede con la doble fila en Vigo. Uno de los principales problemas del tránsito rodado en nuestra ciudad. Las viñetas de Mingote podrían repetirse con la misma certera eficacia en el juicio. Ayer la viví en vivo y en directo. El auto que circulaba delante de mí por Camelias parecía tener una prisa espantosa. Además de impacientarse en Álvaro Cunqueiro y casi saltarse un semáforo en rojo, le montó una bronca descomunal a un camioncillo de reparto que, estacionado en doble fila, impedía la circulación. El bueno del señor no tuvo empacho en detenerse en triple fila para increpar al repartidor y recriminarle su forma de estacionar. Quinientos metros más arriba detuvo su auto en doble fila, descendió y se coló en un bar. Antes de que lo hiciera le pité por burla. Naturalmente no me llamó peatón, su insulto fué más soez, además de hacer gestos obscenos.