A fondo perdido

VIGO CIUDAD

29 ene 2013 . Actualizado a las 10:45 h.

En Vigo, llevamos veinte años clamando por la rehabilitación del barrio histórico. Y, como cantaba Gardel, veinte años no son nada. Es un soplo la vida. Se nos va escuchando promesas políticas sobre la recuperación de hermosas ruinas: la Panificadora, el asilo de Pi y Margall, los soportales del Berbés... Y así. A unos cuantos miles de vigueses se les está marchitando la frente mientras esperan que la calle Real recobre algo del bullicio de antaño. Y a otros miles se les platea la sien confiando en que, algún día, A Ferrería no meta miedo. Vivimos con el alma aferrada al dulce recuerdo del trasiego marinero, de la cita obligada para ir de vinos, de la mirada abierta sobre el mar. Cualquiera que vuelva a la cuna de la ciudad como quien regresa a su primer amor notará el doloroso paso del tiempo.

El Casco Vello es como un tango, sí, hermoso y triste a la vez. Ya le gustaría a esas ciudades que aprovecharon mejor los fondos europeos tener un mirador tan espectacular como el Paseo de Alfonso, una plaza tan coqueta como la Constitución, un paseo portuario tan amplio como As Avenidas. Vigo tiene los mejores mimbres, como los que todavía sobreviven en la rúa Cesteiros, pero hace falta conocerlos y, sobre todo, quererlos. De nada vale reconquistar nuestras raíces un solo día de fiesta al año. De nada vale rogarle al Cristo cada primer domingo de agosto y aparcar la fe 364 días. Es necesario creer en esta historia. Es necesario que las Administraciones se dejen de pequeños retoques de cirugía e inviertan a fondo perdido en una rehabilitación integral. No llega con poner losetas o abrir un museo. Al Casco Vello hay que insuflarle vida a base de viviendas para jóvenes (baratas, no consorciadas) y comercios (la pasarela de A Laxe ha hecho más por la zona que todo el plan Urban). Solo así puede volver. El resto es un tango.

diego.perez@lavoz.es