Esta cifra supondría el rescate más bajo de los que se han realizado hasta ahora. Lisboa rechaza la ayuda externa pese al aumento de la presión de los mercados tras la dimisión de Sócrates.
La entidad de calificación expresa su desconfianza hacia la evolución de la economía lusa y la posibilidad de que el país tenga que adoptar nuevas medidas de ajuste para cumplir sus planes de reducción del déficit público.