Cuatro días después de su inesperada dimisión, el ex negociador Ari Larijani estará sin embargo presente en Roma, como representante del ayatolá Ali Jamenei, la más alta autoridad de la República Islámica de Irán.
Ha cumplido cien días en el cargo marcados por su omnipresencia, hiperactividad y voluntarismo y en los que se ha apuntado éxitos, pero afronta un otoño caliente en los frentes económico y social.