John Smith, al mando del Titanic en su primera y última singladura, también obró de forma imprudente antes, y pasiva después, en el choque contra el iceberg, igual que el gobernante del crucero
El naufragio del trasatlántico afloró lo mejor y lo peor de la condición humana pero dejó claro que la supervivencia era, ante todo, una cuestión de clases