Las grandes tecnológicas no nos habían contado que para que su inteligencia artificial funcione necesitan un ejército de personas mal pagadas y sin derechos laborales que etiqueten y clasifiquen sus billones de datos. Escucha la historia de la precariedad que se esconde detrás del algoritmo en 10 minutos en el nuevo pódcast de Las voces de XLSemanal.
Todavía hay «humanos en el bucle», se dice en la jerga de Silicon Valley para referirse a las personas que realizan tareas que creíamos automatizadas. Las máquinas, que se basan en la detección de patrones y relaciones en un océano de datos, todavía nos necesitan para entender el contexto, aclarar dudas y no meter la pata. Es un trabajo valioso, pero está tan poco reconocido que incluso se recluta a presos en las cárceles para realizarlo. Se hizo en Finlandia y se sigue haciendo en China. En India, muchos trabajan en almacenes que recuerdan a talleres textiles. Otros, desde casa. Basta con una wi-fi decente. Ganan entre 150 y 200 dólares al mes.
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