Estados Unidos ha gastado millones de dólares en la formación de los pilotos y del personal que notifica de avistamientos. Se trata de observadores entrenados, capaces de mirar una silueta en movimiento y determinar si es un MIG-25 o un aparato no identificado. Sopesan, ante todo, cinco características claves, inalcanzables para la tecnología humana.
Por C.M. Sánchez
Jueves, 8 de julio 2021, 13:51
Cuando Luis Elizondo dirigía el Programa Avanzado de Identificación de Amenazas Aeroespaciales del Pentágono, recopiló una lista de cinco capacidades extraordinarias que desafían a la lógica, a la tecnología actual e incluso a las leyes de la física. Uno o varios de estos rasgos, que Elizondo denomina 'los cinco observables', están asociados a los 120 avistamientos para los que el Departamento de Defensa reconoce que no tiene explicación.
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A diferencia de las aeronaves conocidas, estos objetos superan la gravedad terrestre sin medios visibles de propulsión. No solo carecen de motor, también de alas.
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Los objetos pueden acelerar o cambiar de dirección tan rápidamente que ningún piloto humano podría sobrevivir a la fuerza gravitatoria Sería aplastado. En el incidente del Nimitz, los operadores de radar dicen que uno de los ovnis cayó del cielo a 30 veces la velocidad del sonido. Un minuto más tarde localizaron el objeto a unos cien kilómetros, por lo que se habría movido a una velocidad de unos 5800 kilómetros por hora. Según el fabricante Boeing, el caza F/A-18 Super Hornet alcanza una velocidad máxima de Mach 1,6, es decir, 1930 kilómetros por hora.
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Si una aeronave viaja más rápido que la velocidad del sonido, normalmente deja "firmas", como estelas de vapor y estampidos sónicos. En los casos reseñados no hay señales de firmas.
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Incluso cuando se observan los objetos, conseguir una visión clara y detallada de ellos -ya sea mediante avistamientos de pilotos, radares u otros medios- es difícil. Salvo casos excepcionales, los testigos solo ven el resplandor o la neblina que los rodea.
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Algunos objetos han sido vistos moviéndose fácilmente entre diferentes entornos, como el espacio, la atmósfera terrestre y el agua. En el incidente del Nimitz, los testigos describieron un ovni que entraba en el océano. Un operador de sonar de la Marina confirmó que ese día se detectó en la zona una embarcación que se movía bajo el agua a más de 70 nudos, aproximadamente dos veces la velocidad de los submarinos nucleares.
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