Hablar de materia prima, de su importancia, está de moda en el mundo de la cocina. Pero cuando la mayor parte de la gente habla de producto, piensa en pescados, mariscos, carnes o incluso verduras. Casi nadie se acuerda de las legumbres, consideradas algo menor.
Sin embargo, que una fabada sea buena o no depende fundamentalmente de la calidad de las fabas que se emplean en su elaboración. Que sean ... sedosas, con la piel inapreciable en la boca. Requisitos que no todas cumplen.
Algo similar ocurre con los garbanzos. Un producto aparentemente simple e insignificante, tanto que en español existe la palabra 'garbancero' para referirse a las personas 'ordinarias y vulgares', va a determinar la diferencia entre un cocido excelente y uno vulgar.
Muchas veces los cocineros seleccionan los mejores chorizos, morcillas, carnes de vacuno o de ave, o incluso el repollo, y se olvidan de los garbanzos. Los buenos, casi siempre castellanos, absorben con facilidad toda la sustancia de los ingredientes con los que se cuecen. Por eso, cuando me sirven un cocido, me gusta comerlos solos, sin más acompañamiento que la tradicional salsa de tomate y comino o, mejor aún, con un chorretón de buen aceite de oliva.
El garbanzo es importante. Por eso en la próxima edición de San Sebastián Gastronomika, que comienza el próximo domingo, habrá por segundo año un campeonato nacional de platos con esta legumbre que no valoramos como merece.
Sobre la firma
Colaborador
Carlos Maribona, periodista. Ha desarrollado toda su carrera profesional en el diario ABC, del que llegó a ser subdirector. En la actualidad es el crítico gastronómico del diario. Columnista también en XL Semanal de Vocento. Profesor de la Universidad San Pablo CEU. Premio Nacional de Gastronomía entre otros muchos galardones.
Publicidad
Más de
Wall Street
Carlos Manuel Sánchez
La cocina fácil de Martín Berasategui
Martín Berasategui | Fotografía: Garikoitz DIaz Mugica
En otros medios
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia