El dolor es un asunto personal: de él nadie sabe tanto como quien lo experimenta y nadie puede aspirar a impartir lecciones o instrucciones al ... doliente. En ocasiones el dolor personal coincide con un dolor social, al que surge la necesidad de responder. Lo que no es de recibo, como advierten nuestros lectores, es que en esa respuesta colectiva se llegue al extremo de decirle a quien siente el dolor en primera persona que se adapte a lo que más convenga a quien administra la cosa pública. Si además quien pide afrontar su dolor y procurarse consuelo con arreglo a sus convicciones tiene la elegancia de no ofender las de los demás, nos ofrece una enseñanza de la que cualquier gestor inteligente debería tener la humildad de aprender. Lástima que entre quienes nos pastorean sea tan escasa la disposición a escuchar al otro.
La misa funeral del pasado 29 de enero en Huelva se celebró gracias a que se impuso la voluntad de los familiares de las víctimas mortales en Adamuz. España es un Estado aconfesional; sin embargo, la mayoría se identifica con el cristianismo, en su vertiente católica. El intento de imponer un acto laico supondría una afrenta a las creencias de las víctimas, familiares y allegados. Aparte del aspecto religioso, la ceremonia fue una muestra inequívoca de empatía con quienes están sufriendo. No era menester profesar la fe católica para acudir al funeral, no se exigía un carné que acreditara su pertenencia a la grey; las puertas estaban abiertas a toda persona de buena voluntad, deferente con los dolientes, mostrando su amparo y compartiendo sus sentimientos. Hubo ausencias clamorosas. ¿Por qué no fueron? La verdad se corrompe o con la mentira o con el silencio. Cicerón dixit. | Francisco Javier Sáenz Martínez. Lasarte-Oria (Guipúzcoa)
El refranero popular es sabio: «En todas las casas cuecen habas y en la mía, a calderadas». Si no era poco el espectáculo indecente que ofrecen a diario el PP y el PSOE acusándose mutuamente de los innumerables casos de corrupción, ahora nos toca lo mismo en Euskadi con el PNV y Bildu. ¡Qué hartazgo! ¿Tanto les cuesta tener la boca cerrada y entender que queremos soluciones y no más problemas? Exijo a la clase política (de todo el arco parlamentario) que se calle: no están para dar clases de ética a nadie. Como dicen en los pueblos, «todos tienen pelos en la gatera».| José Manuel Mingo Jiménez. Bilbao
Unos siglos atrás, Wordsworth escribía «estamos desafinados». Hoy orquestaría nuestra existencia con el choque de metales, angustia y alaridos. Más que «desafinados», hoy estamos en peligro de extinción por un nuevo dios en la tierra, la todopoderosa IA generativa de textos e imágenes que, cómo no, ha venido a salvarnos. Porque ¿qué se hacía antes de esto? Pensar, investigar, crear con las manos, manchándose, fallando y empezando las veces que hiciera falta. Era satisfactorio contar historias que salían de dentro. Hoy se quieren recipientes vacíos, con buena forma, que no opinen ni se alteren y que, ante desgracias, saquen fotos. Pero, ojo: ahora somos más reales que nunca. Creando recuerdos con gente que se fue, con su voz, porque, cuando estuvieron, era complicado hacerles caso. Somos expertos en limpiarnos la conciencia, y nos va bien. ¿No? También es una suerte que ahora todos seamos artistas, que aplaudamos con las orejas presionar un par de teclas, muestra gran solidaridad. Será bonito dejar un patrimonio cultural hecho a base de robo y pereza a generaciones futuras. Si me concentro, oigo sus voces agradeciéndolo… Ah, no, es Alexa, que se ha encendido sola. | María Cavia Gutiérrez. Arce (Cantabria)
El pueblo ha hablado desde la sabiduría y la verdad. Las víctimas de Adamuz han pedido un funeral, es decir, una ceremonia religiosa para rezar por los difuntos, y ha rechazado un pretendido 'funeral oficial laico'. Liliana, en sus impresionantes palabras al final de la ceremonia, lo ha querido explicar: «Gracias por este funeral, el único funeral que cabe en esta despedida... con la única presidencia de Dios... y de la mirada de su Madre la Virgen de la Cinta. Huelva es una tierra mariana. Andalucía es un pueblo creyente». España entera ha podido acompañar, llorar y rezar junto a las cinco mil personas allí congregadas. Y ha podido contemplar y sentir el consuelo, la paz, la unión y la esperanza que solo un funeral de verdad puede encerrar. | Leticia Zaldívar Miquelarena. Santander
En medio del dolor que ha causado el trágico accidente de Adamuz, quiero alzar la voz no para añadir ruido, sino para dar gracias. Gracias a Liliana y Fidel Sáez, que tras la pérdida de su madre han ofrecido un impresionante testimonio: el de una fe vivida, confiada y profundamente humana. Vuestras palabras y vuestra actitud, lejos de la desesperación o el reproche, nos han recordado que la dignidad de las personas no se pierde con la muerte, ni siquiera cuando es repentina. Nos habéis ayudado a mirar a vuestra madre —y a tantas víctimas anónimas— no como cifras ni como titulares, sino como vidas únicas, irrepetibles y amadas. En un tiempo en el que la prisa y el juicio fácil lo es todo, vuestro ejemplo nos educa la mirada. Nos enseña a mirar a las personas y a los acontecimientos con una verdad más honda, más limpia, más cercana a la de Dios. No una mirada ingenua, sino una mirada capaz de sostener el dolor sin negarlo. Esa misma forma de mirar está bellamente expresada en un poema de Javier García-Máiquez, cuando escribe: «Sucede, de verdad: algunas noches la mirada de Dios está en mis ojos». El poema ilumina la dignidad de cada persona y nos lleva a procurar mirar, consolar, acoger, compartir, servir y amar como si fuera la última ocasión de nuestra vida. Esa es la lección que, sin pretenderlo, nos habéis regalado. Gracias, Liliana y Fidel, por vuestra fe compartida sin estridencias, por vuestra confianza en Dios en la hora más oscura, y por ayudarnos a todos a vivir con una mirada más verdadera, más compasiva y más cercana a la de Dios. | Ernesto López-Barajas González. Valladolid
¿Por qué la he elegido…? Porque estaremos mucho más solos cuando terminen de irse madres así.
Mi madre es castellana, no da abrazos nunca y me besa lo justo. Con los años se ha convertido en mi hija pequeña, todo le hace gracia, todo le ilusiona. Ella no navega: ella «saca» las cosas de Internet. Menos mal que luego no tenemos que volver a meterlas. Es menuda por fuera y gigante por dentro; conserva una voz que se resiste a envejecer. Conoció la posguerra y nunca toma medicinas: dice que todo se cura solo. Con pocos años se entretenía armando y desarmando el mismo reloj en un viejo desván. Ahora, su frase puntera es «tiempo al tiempo». Cuenta que era feliz y la creo. Quizás ese fue su secreto: tener poco, pedir nada y desear todo. El mío, poder ser tu madre por muchos años, mamá.
Elena Rivero Peláez. Medina de Rioseco (Valladolid)
Sobre la firma
Lorenzo Silva es escritor y columnista español conocido especialmente por sus novelas policíacas protagonziadas por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. Ganador del Premio Nadal y del Premio Planeta
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