Mi hermosa lavandería

Detrás de 'El grito'

Viernes, 14 de noviembre 2025, 10:31

Se dice que Munch caminaba al atardecer por un sendero en Ekeberg, cerca de Oslo, cuando el cielo se tiñó de rojo sangre. Algo se quebró en su interior. No fue solo el paisaje, fue la certeza repentina de que el universo entero aullaba. Él mismo lo anotaría: «Sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza». De ese instante nació el cuadro que todos reconocemos, aunque pocos hayan estado frente a él. Esa criatura andrógina, ese espectro de carne que se lleva las manos a la cabeza mientras su boca se abre en un alarido silencioso.

Los periódicos conservadores lo ridiculizaron, pero los artistas jóvenes reconocieron en esa figura deformada algo que las academias jamás habían permitido: la verdad del sufrimiento sin filtros estéticos

Edvard Munch nació en 1863 en una Noruega rural y religiosa. A los cinco años perdió a su madre por tuberculosis. La misma enfermedad que ... se llevaría a su hermana favorita, Sophie, cuando él tenía catorce. Su padre, médico militar, se refugió en un protestantismo fanático que llenó la casa de sombras y culpas. Otra hermana acabó internada en un manicomio. El propio Munch pasaría temporadas en clínicas psiquiátricas, huyendo de lo que él llamaba sus «demonios». La muerte y la locura no fueron temas que eligiera pintar: fueron la herencia que no pudo rechazar.

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Isabel Coixet (Barcelona, 1960) es una cineasta española ganadora de varios Premios Goya

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