Viernes, 02 de Enero 2026, 09:48h
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La lotería es un impuesto voluntario a la esperanza. Sabemos que las probabilidades de ganar el primer premio de la Lotería de Navidad son de una entre cien mil –y eso comprando un décimo entero–, que El Gordo reparte veintidós millones entre una serie completa, pero que tu boleto de veinte euros solo te daría cuatrocientos mil si aciertas. Sabemos que la Primitiva ofrece probabilidades de una entre casi catorce millones. Pero seguimos haciendo cola en las administraciones, guardando el décimo en la cartera, comprobando los números el sábado por la noche. No por estupidez, sino por algo más interesante: porque veinte euros compran lo que el dinero raramente puede adquirir: semanas de anticipación y una ilusión gaseosa. Entre el momento en que guardas el boleto y el sorteo, existes en un estado cuántico donde técnicamente podrías ser millonario. Esa posibilidad, por absurda que sea matemáticamente, reorganiza el mundo.
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