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Animales de compañía

Desvinculado

Juan Manuel De Prada

A nadie se le escapa el desaliento que postra a la mayoría de los maestros y profesores. Sus lamentos, que ya suenan afónicos (y agónicos) ... de tanto repetirse, se han convertido en ese ruido de fondo al que nadie presta demasiada atención, al menos hasta que se produzca el definitivo cataclismo que nos ahogue a todos. Si cada época propicia el sacrificio de un grupo social, sobre cuyas espaldas se arroja el peso de una responsabilidad sobrehumana, nadie dudará que ese papel ingrato se ha asignado en nuestro tiempo a los maestros, cada vez más abandonados a su suerte en sus tareas educativas. Hemos logrado despojar de significado aquel refrán que asociaba la labor docente con la pobreza («pasa más hambre que un maestro de escuela»), pero a cambio hemos volcado sobre quienes la ejercen la misión ímproba de servir de parapeto y muro de contención frente a la destrucción de los vínculos humanos.

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