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ANIMALES DE COMPAÑÍA

'Los juegos del hambre'

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Como ya ocurriera con la primera entrega de la trilogía Los juegos del hambre, la segunda también se ha convertido en un fenómeno multitudinario, ... acorde con el éxito de las novelas de Suzanne Collins en las que se basa. A mí la película me ha parecido un pestiño derivativo, un 'marear la perdiz' o 'estirar el chicle' que nada añade a la entrega originaria, que en cambio me pareció un producto digno de consideración y estudio (más desde una perspectiva política y sociológica que estrictamente estética). Es cierto que la trama de Los juegos del hambre delata enseguida sus fuentes de inspiración. el mito de Teseo y el Minotauro; las distopías siniestras que imaginan un futuro de esclavitud o embrutecimiento para la humanidad; y las historias de cacerías humanas, que hunden sus raíces en la noche de los tiempos (recordemos a Ulises, recién regresado a Ítaca, asaeteando a los pretendientes de Penélope) y que hallarían cristalización en obras como El juego más peligroso, un relato de Richard Connell, o la novela Battle Royale, de Koushun Takami, ambas adaptadas al cine (la primera en una obra maestra de los albores del sonoro, El malvado Zaroff) e inspiradoras de versiones del más diverso pelaje. Pero el arte no tiene por qué ser 'original' en el sentido romántico -y funesto- de la palabra, sino significativo. Y la trama de Los juegos del hambre y, sobre todo, el telón de fondo sobre el que transcurre sí me lo parece, más allá de que sus logros formales se me antojen raquíticos.

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