Animales de compañía

El placer del miedo

Viernes, 13 de febrero 2026, 11:56

Recuerdo, entre las experiencias más gratas de mi vida, la lectura inaugural de las Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe, un libro al que ... después he vuelto con terquedad, en busca de nuevos deleites. Pero estos deleites sucesivos nunca logran igualar la impresión que me causó el primer acercamiento a los relatos de Poe, en una edición del Círculo de Lectores que aún guardo, seguro de que la zambullida entre sus páginas me devolverá, como una gozosa reminiscencia, el aroma de aquellas noches absortas en que, a hurtadillas de mis padres, cuando la casa dormía, me enterraba entre las mantas y, armado con una linterna, leía por primera vez El corazón delator, El barril de amontillado, El gato negro y tantos otros títulos inolvidables. Mis padres habían puesto aquel libro a buen recaudo, conociendo mi inmoderada pasión por la lectura, creyendo tal vez que su desfile de horrores podría herir mi sensibilidad todavía tierna; pero yo buscaba, sobre todo, libros que me la hiriesen. Así que cuando mis padres ya se habían acostado, a oscuras y de puntillas (la casa era una caja de resonancia que agigantaba los latidos de mi agitado corazón), iba hasta el cuarto donde se guardaba el libro de Poe y lo arrancaba de su anaquel, para llevármelo a la cama.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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