Es la única moneda universal. La necesitamos para todo: calentarnos, alumbrarnos, movernos... Aspiramos a una energía menos contaminante, pero las transiciones energéticas no son repentinas, sino que se alargan en el tiempo.
Carlos Manuel Sánchez
Martes, 8 de octubre 2024, 09:49
La historia de la energía ha evolucionado de manera espectacular desde nuestros orígenes, cuando los primeros seres humanos dependían de la generada por su propio cuerpo o de la de los animales que lograban domesticar. Desde el fuego, básico para la cocción de alimentos y el desarrollo de herramientas, hasta la esperanza en la fusión nuclear de la actualidad, estas son algunas de las formas energía desarrolladas a lo largo de milenios.
Al principio, la humanidad obtenía la mayor parte de su energía del Sol. La madera es el carbono que capturan los árboles mediante la ... fotosíntesis. Dominar el fuego nos permitió utilizar la biomasa (leña) para cocinar, calentarnos y fundir metales.
Mediante la irrigación, los sumerios aumentaron el rendimiento de los cultivos. Esto permite alimentar a los animales domésticos y que los humanos vivan en ciudades. Se añade la tracción animal a la fuerza muscular humana para arar un campo o transportar el grano. Las heces también se utilizan como fuente de calor.
La minería del carbón se inicia en Reino Unido a finales del siglo XVIII, pero no sustituye a la madera hasta 1900. Y fue la principal fuente de energía del mundo hasta 1960. Todavía sigue teniendo mucho peso en China, donde hay muchas centrales térmicas de carbón. Por tanto, su electricidad dista mucho de ser limpia.
El desarrollo del motor de combustión interna (1876) revoluciona el transporte e impulsa el crecimiento económico durante el siglo XX. La industria petrolera despega con las primeras prospecciones de Rockefeller y la Standard Oil. En la actualidad no hay pico del petróleo a la vista, como se temía... Hay de sobra; si vamos hacia las renovables no es por falta de hidrocarburos, sino para frenar el calentamiento global.
Las centrales hidroeléctricas permiten el alumbrado de las ciudades. Pronto llegarían los electrodomésticos, como la lavadora (1907). Los aparatos electrónicos basados en el silicio tardarían más: los ordenadores personales (1980), en torno a un siglo.
Es el gran 'tapado'. El gas natural es más difícil de transportar que el petróleo y hay que enfriarlo a –161º, pero tiene ventajas. Es más limpio que el carbón, lo hay en abundancia y su uso masivo podría hacernos ganar tiempo en la carrera contra el cambio climático mientras se generalizan las renovables.
El poder inagotable del átomo estaba llamado a garantizarnos energía barata, pero los accidentes de Chernóbil (1986) y Fukushima (2011) lo estigmatizan. «Por mucho que se empeñe Bill Gates en promocionar una nueva
generación de centrales más seguras, ya nadie las quiere», dice el destacado científico checo-canadiense Vaclav Smil.
Estamos inmersos en el paso a fuentes de energía que no emitan dióxido de carbono, pero en los últimos 30 años las emisiones anuales de carbono han aumentado. Incluso antes de la pandemia seguíamos obteniendo el
89 por ciento de nuestra energía de los combustibles fósiles, a pesar de las enormes inversiones en energía solar y eólica.
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E. Font
Marcos Lupión, informático
Carlos ManUel Sánchez en colaboración con fundación BBVA / Foto: Fundación BBVA
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