Kareem Shami promueve el softmaxxing, retoques sin pasar por el quirófano, aunque admite que él sí se ha operado para lograr una extensión de mentón. Shami (en 2020 y ahora) tiene casi dos millones de seguidores.
El penúltimo trastorno estético

La obsesión por los rostros esculpidos... incluso a martillazos

Se llama 'looksmaxxing' y es una tendencia en alza entre los chicos: remodelar rostros y cuerpos a cualquier coste. Quienes no pueden pagarse la cirugía recurren a verdaderas animaladas, animados por 'influencers' irresponsables.

E. Font

Martes, 17 de febrero 2026, 15:35

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La obsesión por los cuerpos perfectos no es solo femenina. En los hombres alcanza ahora cotas extremas con un movimiento que ha crecido alarmantemente en la última década: looksmaxxing, algo así como 'llevar el físico al máximo'. Sus seguidores son capaces de llegar a dolorosos extremos para acercarse al estándar de 'cuerpos esculpidos'. Desde la mandíbula hasta el pene y la altura, la industria de la cirugía estética capitaliza las inseguridades de ellos tanto como las de ellas.

No es un fenómeno tan marginal como nos gustaría pensar. Hay 'influencers' con millones de seguidores que promueven ese tipo de acciones

La mayoría aborda la obsesión estética con operaciones, dietas, ejercicio extremo y suplementos. Pero un sector de la población, que no puede permitirse ese coste, se ha lanzado a prácticas tan peligrosas como el bonesmashing, que literalmente consiste en golpear los huesos faciales para romperlos, con la convicción de que las microfracturas endurecerán sus rasgos. No es un fenómeno tan marginal como nos gustaría pensar. Hay influencers con millones de seguidores que promueven ese tipo de acciones, además de la inyección de esteroides y testosterona para aumentar sus músculos o la ingesta de metanfetamina cristalina para perder apetito...

Armado y peligroso. Gabriel Dridi es un creador de contenido que desde la 'manosfera' y amparado en la misoginia promueve prácticas muy peligrosas.

Uno de ellos es Braden Peters, alias Clavicular, un chico de 20 años que comenzó a pincharse testosterona a los 14 y a inyectarle péptidos cosméticos a su novia, menor de edad.

En la gama de los 'aplastahuesos' destaca Gabriel Dridi, quien desde adolescente, dice, empezó a golpearse la cara con un martillo durante un minuto al día para 'masculinizarse'. No hay pruebas de que ese haya sido su proceso, pero hay ingenuos o desesperados incels ('célibes involuntarios') y sobre todo chicos muy jóvenes que caen en sus redes y acaban destrozando su físico y su vida.

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