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«Lo importante no es si las máquinas serán más inteligentes, sino que protejamos lo que nos hace humanos»
(Fotografía: Stephanie Mitchell)

El padre de las intelIgencias múltiples ante el reto de la IA Howard Gardner

«Lo importante no es si las máquinas serán más inteligentes, sino que protejamos lo que nos hace humanos»

Este profesor de Harvard revolucionó el mundo de la educación con su idea de las inteligencias múltiples: nuestra mente es tan compleja que no puede ser reducida a una cifra en un test de coeficiente intelectual. Ahora que ha irrumpido la inteligencia artificial, aventura la llegada de una nueva especie: los poshumanos. «Quizá el homo sapiens —dice– solo sea un capítulo en la historia del planeta».

El estadounidense Howard Gardner, considerado el psicólogo especializado en la educación más influyente del mundo, provocó un terremoto en 1983 con una idea revolucionaria: no existe una sola inteligencia, sino muchas formas diferentes de ser inteligente. Tradicionalmente se había medido la inteligencia con una única prueba, el test de coeficiente intelectual (CI): si sacabas más de 120, eras un genio; lo normal era un 100; y con menos de 80 necesitabas ayuda. Gardner identificó siete tipos distintos de inteligencia: la lingüística y la lógico-matemática (las únicas que medía el CI), pero también la musical, la espacial, la corporal-kinestésica (agilidad), la interpersonal (relacionarse con los demás) y la intrapersonal (comprenderse a uno mismo). Años después añadiría una octava: la naturalista (el interés por la naturaleza).

«Los planes de estudio deben dedicar mucho más tiempo a las humanidades. Eso nos ayudará a que lo que venga no se construya sobre nuestras peores tendencias»

Su teoría de las inteligencias múltiples provocó un cisma. Muchos psicólogos y educadores de la vieja escuela intentaron desmontarla. Pero miles de maestros a pie ... de aula entendieron su potencial y millones de alumnos se beneficiaron: de repente, esa niña que no destacaba en mates pero tenía un don para organizar a sus compañeros tenía una 'alta inteligencia interpersonal'. O ese niño que suspendía el análisis sintáctico pero se pasaba las horas observando insectos ya no estaba condenado al fracaso escolar, sino que era un biólogo en potencia. La pregunta ya no era «¿quién es el más listo?», sino «¿en qué destaca cada niño?».

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