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La Jane Goodall gallega: «Los chimpancés son el termómetro del planeta»
(Fotografías: Fernando Turmo)

El extraordinario don de Rebeca Atencia

La Jane Goodall gallega: «Los chimpancés son el termómetro del planeta»

Rescata a bebés chimpancés, los cuida y logra comunicarse con ellos. El vínculo es tan fuerte que de adultos la reconocen y le han llegado a salvar la vida. La veterinaria gallega Rebeca Atencia tiene tal don que Jane Goodall la ha elegido como su heredera. Dirige su centro de la República del Congo.

Estaba marcando árboles, poniendo carteles con sus nombres para luego anotar los datos de alimentación de los chimpancés. Rebeca Atencia, veterinaria española, clavaba los marchamos en los troncos y el tac-tac de sus martillazos se expandió por la selva. «De repente oigo algo a mi izquierda. Y lo veo a mi lado. Todo hinchado. Enorme. No reaccioné bien porque, en vez de alejarme o mostrar sumisión, lo miré y le dije: '¿Qué pasa?'. Y me eché un poco hacia delante. Se lo dije en castellano, imagínate. Fue como retarlo. Por eso saltó y me mordió en la cabeza», cuenta Rebeca.

La primatóloga Jane Goodall vio trabajar a Rebeca Atencia con chimpancés en África y la eligió para dirigir el Centro de Rehabilitación de Chimpancés de Tchimpounga. El libro Viviendo entre chimpancés (Ediciones del Viento) narra sus vicisitudes allí. Jane Goodall dice que Rebeca le recuerda a ella misma de joven. Ambas trabajan para proteger a estos primates, los animales que más se nos parecen: compartimos con ellos un 98 por ciento del ADN.
La elegida por Jane. | La primatóloga Jane Goodall vio trabajar a Rebeca Atencia con chimpancés en África y la eligió para dirigir el Centro de Rehabilitación de Chimpancés de Tchimpounga. El libro Viviendo entre chimpancés (Ediciones del Viento) narra sus vicisitudes allí. Jane Goodall dice que Rebeca le recuerda a ella misma de joven. Ambas trabajan para proteger a estos primates, los animales que más se nos parecen: compartimos con ellos un 98 por ciento del ADN.

Chinois, un chimpancé macho adulto, la atacó porque él también hacía tac-tac sacudiendo árboles para atraer a una hembra en celo. El ruido de ... Rebeca le pareció la provocación de un rival. Y la mordió. La cabeza de Rebeca hizo crac y la sangre le caía en cascada por la cara. «Un poco más y pierdo un ojo», dice. Pero el peligro no había terminado. Desde el suelo oyó a Chinois hacer la llamada de ataque. De caza. «Y yo era la presa. Vi una hilera de chimpancés que se acercaban, todos erizados. Venían hacia mí enfadadísimos. Pensé: 'Ya; se acabó'.

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La Jane Goodall gallega: «Los chimpancés son el termómetro del planeta»

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