Carlos Manuel Sánchez en colaboración con fundación BBVA
Viernes, 21 de marzo 2025, 10:25
La información no es un concepto abstracto, tiene una dimensión física: requiere energía para ser almacenada, procesada y transmitida. Por eso la inteligencia artificial tiene un coste energético brutal», explica Martí Perarnau (Sabadell, 1988), investigador en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su trabajo busca reducir este consumo aprovechando las propiedades cuánticas de la materia a escala microscópica con un enfoque revolucionario: «En lugar de luchar contra el ruido y las imperfecciones, propongo aprovecharlos. No trabajamos con ceros y unos, de una manera determinista, sino de forma similar a como funciona el cerebro».
«Un ordenador cuántico –explica Perarnau– será más potente que todos los ordenadores actuales del planeta juntos. El problema es que solo opera en condiciones ... extremas». Y eso es lo que Perarnau intenta solventar. Es uno de los científicos más prometedores en el campo de los sistemas cuánticos abiertos, es decir, los que no necesitan aislamiento y temperaturas ultrafrías. Ha trabajado en el Instituto Max Planck de Múnich, Ámsterdam y Ginebra antes de regresar a España. Sus investigaciones han sido reconocidas con el Premio Investigador Joven en Física Teórica 2024 de la Fundación BBVA y la Real Sociedad Española de Física. «El cerebro es un procesador de información increíble a nivel energético», señala. «Ha evolucionado para funcionar con muy pocas calorías. No hace cálculos exactos como un ordenador digital, sino que trabaja de forma más probabilística e intuitiva».
Esta observación inspira su nueva línea de investigación en computación termodinámica, que aprovecha la tendencia natural de los sistemas físicos a minimizar la energía para realizar cálculos. «Aprovechar la imperfección es un arte, y la naturaleza lo hace muy bien. Como humanos, aún nos queda aprender cómo usar estas fluctuaciones», explica. Y pone ejemplos: la evolución biológica utiliza las mutaciones (errores en la replicación del ADN) como motor de adaptación; la fotosíntesis aprovecha efectos cuánticos a temperatura ambiente para transportar la energía del Sol, y las bandadas de pájaros se coordinan sin un control centralizado.
«Estudio cómo se comporta la energía en sistemas microscópicos para entender procesos funda-mentales que suponen un cambio de paradigma: la computación termodinámica».
«Investigo de qué forma usar el ruido y las fluctuaciones de los sistemas físicos para realizar cálculos. El objetivo es ir más allá del ordenador clásico e incluso del cuántico».
«Me inspiro en sistemas biológicos como el cerebro, que ha evolucionado durante millones de años para procesar información de manera eficiente con muy pocas calorías».
«Exploro la metrología cuántica para realizar mediciones ultraprecisas. Ya hay sensores subatómicos que nos ayudan a entender el universo al nivel más básico».
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