De aquel San Ciprián marinero a un pueblo industrial con Alcoa

A MARIÑA

PEPA LOSADA

18 feb 2025 . Actualizado a las 11:54 h.

Aquellas gentes habían oído hablar de un puerto Cantábrico al norte de Galicia, cuando en la Meseta comían pescado congelado y creían que A Coruña y Pontevedra eran las únicas provincias gallegas con mar, a veces se atrevían a llegar hasta la inmortal Mondoñedo que describió entre maravillosas fábulas Álvaro Cunqueiro. Sin saberlo aquellos exquisitos percebes procedían de Os Farillós, unas islas batidas por la fuerza de las mareas y alumbradas desde la puesta del sol por aquella luz de un faro que desde una atalaya ballenera que comienza a señalar puerto en 1864 a los buques de vela cuya actividad de cabotaje marcaba la factoría de Sargadelos.

Habían estado paseando por la Muralla Romana de Lugo, admiraron esa plaza de Santa María entre el Palacio Episcopal y una de las entradas a su Catedral donde el Santísimo permanecía expuesto día y noche por privilegio eclesiástico desde el siglo XV. Y así para los Cristianos, Lugo era la ciudad del Sacramento en el primitivo Camino hacia Compostela.

San Ciprián era junto a Burela uno de los dos puertos del Concello de Cervo. El primero fue ayuntamiento entre 1831 a 1840. El segundo fue parroquia del Concello de Nois, luego en 1840 del Concello de Cervo. Por fin en 1998 logra segregarse y erigirse como Concello. Mientras el puerto de Burela crece gracias a su vocación marinera el de San Ciprián desde 1980 va decreciendo por la presencia de Alúmina Aluminio que además dispone de su propio puerto entre las parroquias de Santa María de Lieiro y la de Morás. ¡Curiosidad! San Ciprián pasa a ser San Cibrao, y el puerto de Alcoa, puerto de San Ciprián. ¡Que alguien me lo explique!

Hay varias etapas que colocan a San Ciprián en cartas marinas, puertolanos y derroteros. Un Castro Celta Marino visitado por pueblos navegantes y dónde los Normandos en el siglo IX enseñan a los habitantes de esa Isla, hoy de la Atalaya, que las ballenas pequeñas son comestibles y accesibles desde las embarcaciones de cuero, y así la presencia de huesos del mamífero en el concheiro.

Desde el siglo XII hasta el XVIII la caza de la ballena siendo San Ciprián el surgidero más antiguo de Galicia, con pleitos con los vascos y con la Iglesia. Desde la playa de la Concha y cerca de la isla más saliente las traíñas se hacen a la mar cuando el atalayero enciende una fogata tras avistar el paso de los mamíferos, que luego serán despiezados en O Cabalo -Cubelas- En el siglo XVIII San Ciprián será el puerto de las Reales Fábricas de Sargadelos -Los Campos hoy plaza- que llegará a tener camino de peaje con Sargadelos y desde 1850 aduana. En el siglo XX y después de la galerna en el verano de 1961 con el Decreto en diciembre -plan renove-, se crea una flota bonitera que da trabajo en tierra y en la mar, y cuyos ingresos -quiñones- mejora de forma exponencial la calidad de vida en todas las parroquias de Cervo.

Hoy mi querido puerto es un pueblo industrial que casi vive de espaldas a la mar. Pendiente del humo que sale por las chimeneas de Alcoa. Protestando por ese polvillo rojo que todo lo invade. Desaparición de casi todo el comercio. Sustitución de la arquitectura tradicional Cantábrico- marinera por edificios de cemento y cristal cuyos vecinos nada tienen que ver con nuestra cultura y además tendrían muy complicado explicar como se les dio licencia de obra a escasos cincuenta metros de la mar.

Muchos no saben el origen de la cetárea, o de las ruinas salazoneras, y desde luego de las canteras por toda la ribera o la historia de los apellidos propios del linaje marinero -Pillado, Rubiños, Fra, Pernas, Coldeira, Díaz, Mosquera, Correa, - en un rincón hermoso que se levantaba al amanecer con el sonido del cuerno marino. Hoy los turnos y encargados han sustituido a las mareas, costeras y patrones de pesca y litoral.