Adiós al cuarto de siglo

Raquel Hermida OPINIÓN

A MARIÑA

M. SOZONOVA

05 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

2025 cierra al cuarto de siglo, un año marcado por la profunda incertidumbre y el agotamiento de la sociedad de ver tanta fanfarronería, arrogancia y corrupción. Una sociedad enganchada a lo fácil, al victimismo y no al compromiso. Un presidente que nos regala vídeos de TikTok al estilo Isabel Presley para que desviemos la mirada de lo importante: nuestra sociedad estancada y conformista, una gran brecha generacional, más parados de 55 años, jóvenes con su proyecto de vida pendiente, promesas de educación y promesas de vivienda y muchos muertos vivientes, entre otras muchas.

La palabra de moda de este año según la Fundéu RAE ha sido «arancel», un gran regalo que nos ha hecho Donald J. Trump. La IA continúa su conquista y nos hace sentir abrumados y perdidos en este panorama cambiante que no tiene indicios de desaceleración y, encima un gran apagón. Una España quemada. La guerra. El adiós de una mano de luz, austera y cercana, en defensa de la dignidad humana y un camino de paz, D.E.P. Papa Francisco.

A pesar de este tórrido resumen, necesitamos despedir el 2025 de una forma positiva porque también nos ha traído cosas extraordinarias, sobre todo, el despertar. Creo firmemente que el 2026 es otro comienzo, tiempo de tomar conciencia y comprometernos para reclamar justicia con coraje, apostar por nuestro tejido empresarial como motor de nuestro país, apostar por nosotras: las personas, que somos lo más importante para recuperar nuestra sociedad que sigue conviviendo desde el apoyo entre generaciones. Es el comienzo para volver a conectar con nuestra identidad como españoles y como gallegos que es lo que, al final, nos hace sentirnos tribu y remar hacia el mismo foco.

Hoy tengo esperanza

Hoy tengo esperanza, o como dijo Martin Luther King durante la marcha por el Trabajo y la Libertad: «Yo tengo un sueño».

Tengo esperanza de que este 2026 la palabra de moda sea humanidad. Comencemos pues, a proteger nuestra identidad y honrar lo que significa ser humano.

Tengo esperanza de que volvamos a potenciar nuestro pensamiento crítico a través de la curiosidad a pesar del pulso con la IA, a la que no debemos temer, sino utilizarla como un recurso de apoyo.

Tengo esperanza en fomentar el cuidado, la comunicación y la escucha como ADN de nuestro ser, frente a la sobrecarga digital, las redes sociales y los algoritmos que reducen la conexión emocional y aumentan la soledad de las personas. Lo que realmente importa no cabe en las métricas cabe en el estar sin querer recibir nada a cambio.

Tengo esperanza de que todos nos convirtamos en jardineros para ponernos en acción y regar con cariño, comprensión e inspiración a las personas que nos rodean para que crezcan y no mermen.

Tengo esperanza de que seamos capaces de mentorizar a los demás, como un buen ejemplo, desde la confianza, comprensión y amistad, porque, la vida siempre responde y, en este punto, se me llena el alma, porque pienso que los humanos todavía no estamos tan deshumanizados.

Tengo esperanza de que resurja la valentía que nos caracteriza, con presencia, humildad y cuidado para convertirnos en seres auténticos y no marionetas maleables. Empezar de nuevo da mucho vértigo, pero no estamos solos si vamos todos de la mano.

Tengo esperanza de que entendamos que lo mejor es lo que hay dentro de nosotros.

Dejemos de aparentar y seamos fieles a nosotros. Cuando hoy miro atrás veo que tampoco lo hemos hecho tan mal, veo tantos rostros caminando juntos con amor, coraje y voluntad, y sigo teniendo la esperanza de que jamás nos faltará la palabra mágica: humanidad.