«Cada vez hay más niños como mi hijo, con autismo, y no hay nada para ellos»

BURELA

La viveirense Maite García, madre de un niño de 6 años con TEA, reivindica servicios
18 mar 2025 . Actualizado a las 18:13 h.Relata Maite Vázquez García que el desarrollo de su hijo Leo fue «prácticamente normal» hasta los 18 meses. A esa edad, relata esta viveirense de 48 años, el pequeño dejó de fijar la vista y «olvidó» el escaso vocabulario que había adquirido hasta entonces. En torno a los dos años y medio, el pequeño fue diagnosticado por el servicio de Pediatría del Hospital Público da Mariña, en Burela, de TEA (trastorno del espectro autista), y desde entonces sus padres no han dejado de luchar para que el niño lleve una vida lo más parecida posible a la que llevan sus hermanas, Sofía y Lucía, que tienen dos años menos. Pero las dificultades son continuas.
«Cada vez hay más niños con autismo, como hijo, pero aquí, en Viveiro, no hay nada para ellos», comenta Maite. Leo está escolarizado en primero de Primaria, pero no puede acudir, por ejemplo, a actividades extraescolares. «Quería llevarlo a la piscina, pero me dijeron que no hay monitor para estos niños. Y sé que hay madres que pagaríamos un poco más si hiciese falta para que nuestros hijos pudiesen ir, pero no nos dan opción», afirma una mujer que, al contrario de otras familias, opta por visibilizar la neurodivergencia de su hijo. «Hay familias que prefieren que no se sepa lo que le pasa a sus hijos, pero yo siempre he llevado conmigo a Leo a todas partes. Todo el mundo lo conoce. Voy a todas partes con mis tres hijos pequeños. Al bar, a la compra, a las tiendas... Es un niño nada rígido y la gente lo trata súper bien por lo general, aunque yo estoy siempre pendiente de él», comenta esta madre coraje.
Después de probar con numerosas terapias, Maite contactó con la fundación madrileña Erik Lövaas, especializada en autismo. A través de ella, Maite y dos personas más de su entorno se han formado en terapias conductuales para trabajar con Leo varias horas a la semana. «Es una maravilla, por ahora estamos encantados porque al niño le está ayudando mucho», resalta.
Problemas en los campamentos de verano e incluso los hinchables de las patronales
Hace dos veranos, Maite Vázquez y su marido, Gonzalo García, inscribieron a Leo en el campamento estival del Concello de Viveiro. Pero la mujer asegura que el servicio no se adaptaba a las necesidades especiales de críos con neurodivergencias, como TEA. «Ofertaban 7 plazas para niños con discapacidad y lo inscribí, pero iba a verlo y un día salió del pabellón, se escapó y nadie fue a buscarlo. El niño se quedó en el arenero, pero cuando pregunté por él se quedaron a cuadros. No se habían fijado en que no estaba. Y a partir de ese día, como se entretenía, lo dejaban en el arenero, al sol y sin agua», afirma. En el 2024, Maite llevó a sus tres hijos al campamento de Camiña, en Burela. «Es inclusivo, otro nivel», subraya.
En esa línea, indica que en otros puntos del país, las administraciones públicas programan para los niños con necesidades especiales actividades de escalada, surf, atletismo, vela e incluso respiros para padres. «Pero aquí no pueden ir ni a los hinchables en las fiestas patronales. Estos niños no son capaces de esperar una cola tan grande y al ser tan sensoriales les molesta el ruido y necesitan tiempo para adaptarse, pero nadie lo tiene en cuenta», lamenta.