AREOSO | O |
07 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.LOS ANUNCIOS adelantan que es una barbaridad. A pesar de la multitud de canales de televisión que nos acompañan, y lo que te rondaré morena, hay veces que es mucho más entretenido ver la propaganda que ponen entre serie y serie. Algunos no valen la pena. Los de colonias, por ejemplo, suelen ser un bodrio. Otros dan en la diana, como el de los patitos que, por cierto, después de tanto tiempo sobre el mar debieron llegar a tierra con la gripe aviar. Hay los que tienen un punto cínico, como aquel que cuenta que estamos rodeados de prohibiciones (abrimos aquí un paréntesis para expresar nuestro interés por lo que sucede ahora en las facultades. Si no se pude fumar en las cafeterías del centro, ¿sólo los no fumadores jugarán a las cartas? ¿Con cuánto tiempo de retraso iniciarán las clases los profesores que por encender ellos un pitillo dejaban que sus alumnos lo hicieran, y ahora deben salir de la facultad para apagar su vicio? Cerramos el paréntesis). Y ahora a los publicistas parece haberle dado por hacerte pensar. Como si no supieran que si te sientas delante de la televisión es precisamente para no darle trabajo al coco. A veces lo consiguen. A mí, por ejemplo, me ha hecho pensar una revista que anuncia las mejores canciones del siglo XXI. ¿Y qué tiene de raro, dirán? Pues que no sé como calificar la primera década del siglo. Los diez me suena a mandamientos y no creo yo que cuaje. Más aún, un problema se avecina para las próximas generaciones. A partir del 2060, cuando se hable de buena música de los sesenta supongo que no se referirán a la suya contemporánea, a no ser que los Rolling Stones hagan entonces una nueva gira de despedida. Son las incógnitas que nos depara la modernidad que nos rodea. Toda una serie de problemas que se resumen en la gran duda: ¿Cuándo seré una autoridad, aunque no tenga materia, para tener un sitio reservado para aparcar?