Bodegueros con mucha historia

AROUSA

Francisco Dovalo aprendió de su padre todo lo que sabe sobre el cultivo de la vid y se lo transmitió a su hijo. En breve, este se hará cargo de la bodega

01 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La familia Dovalo no recuerda cuándo se puso en marcha la bodega familiar. Pero es que desde que eran muy pequeños, siempre hubo en casa quien elaborara vino. Primero fueron los híbridos y, en menor medida, el albariño. Ahora el Rías Baixas centra la actividad de Cabaleiro do Val, la firma bajo la que comercializan sus caldos. La pasión del padre, Francisco Dovalo -Paco, como prefiere que le llamen- por el vino se la ha transmitido a su hijo Rubén. Ya trabaja en la bodega y, en breve, se hará cargo del negocio.

«Somos xente que de sempre fixo viño e vendíamos viño en casa», asegura Paco. Prueba de esta antigüedad es la cepa que guardan en su jardín. Tiene 96 centímetros de diámetro. Su padre era viticultor y bodeguero, su tío también y casi todos sus vecinos, por eso reivindica la tradición como una característica diferenciadora de las pequeñas empresas como la suya. Aquella era la época en que el albariño era el vino de los domingos, el de las fiestas. «Facíanse 500 ou 600 litros de viño que un ano era bo e o outro era peor. Pero había moita demanda e se vendía todo», explica. Entonces era imposible controlar cuestiones como la fermentación, pues las barricas eran de madera. Pero hay una premisa que no ha cambiado: que la calidad del vino depende siempre de la uva.

Esta máxima la conoce muy bien su hijo, Rubén Dovalo. Creció en el medio de la bodega «e non me perdín unha vendima en toda a vida». En principio no le gustaba demasiado eso de tener que ayudar en casa, como suele suceder con los jóvenes. Pero después de acabar sus estudios de administrativo, empezó a encontrarse más a gusto en la bodega que en la oficina. Su formación académica le sirvió para hacerse cargo de la otra parte de la empresa, «porque se sabes facer viño pero non sabes nada de ventas estás perdido», explica. Y es que en empresas de este tipo el dueño suele ser gerente, comercial, viticultor y enólogo todo en uno. Antiguamente, el vino se vendía solo. Hoy, es preciso «ter sistema de ventas, facer publicidade, diseñar as etiquetas», argumenta.

A la bodega llegó en el 2002 y, aunque cuenta con todos los conocimientos de sus progenitor, echa de menos algún tipo de formación sobre el oficio. Padre e hijo no siempre tienen la misma forma de ver las cosas «e ás veces discutimos», pero al final «sempre manda o máis vello». Ahora ya tiene claro que en el mundo del vino está su futuro. Considera que la denominación de origen es muy joven y que todavía tiene mucho que ofrecer. Sobre todo, a bodegas como la suya, «que non son moi coñecidas».

Su caso es muy similar al de otros bodegueros de este municipio arousano, que están encontrado una segunda generación que se haga cargo de sus empresas. Pero es que, tal y como recuerda Paco, «Meaño é unha terra de viños. Levamos moitos anos producindo viño e uva», asegura. Tampoco se olvida de reivindicar el papel de su localidad en la historia del sector. «Cando empezou a Festa do Albariño de Cambados, os viños que se cataban alí eran de Meaño», explica. La misma localidad de la que era originaria «a primeira adega que se apuntou na denominación». Historia y tradición, todo en uno.