El popular Juan Maneiro dio con la clave: las instituciones deben velar por cumplir la legalidad. Punto
21 jul 2013 . Actualizado a las 06:56 h.la cosa política
Hay ocasiones en las que el mundo se detiene un momento para abrirse y desvelar todo su paradójico contenido. La antesala de la alcaldía de Vilagarcía sirvió, este jueves, uno de esos episodios que sin duda invitan a la reflexión. También al sosiego, algo que le hace bastante falta a la política municipal ante la zozobra en la que navega la capital arousana desde hace semanas, sino meses. La curiosidad consistió, para quien supo escucharla, en las argumentaciones que el secretario xeral de la Consellería do Mar, Juan Maneiro, puso sobre la mesa para responder al llamamiento de la cofradía y de los parquistas de Carril sobre la necesidad de replantearse la talla de comercialización de las almejas: «El mensaje es que ni dentro ni fuera de la lonja se puede trabajar por debajo de la talla legalmente establecida; tenemos que hacer cumplir la legalidad, no podemos hacer otra cosa» reiteraba Maneiro en presencia de Fernando Franco y de José Luis Villanueva, patrón mayor y portavoz de los productores. Pero también ante el propio alcalde, el popular Tomás Fole.
El alegato legalista de Maneiro, compañero de Fole y miembro de su grupo municipal hasta que la victoria en las urnas del 2009 devolvió el poder al Partido Popular en Galicia, contrasta vivamente con la postura que el alcalde adoptó a las primeras de cambio ante el hecho incuestionable -él mismo lo reconoció sin problema para a continuación sostener que no paralizaría las obras- de que los trabajos del pádel en la parcela portuaria de O Cavadelo se pusieron en marcha sin disponer de la preceptiva licencia municipal.
No se trata de dar razones a la consellería y quitárselas al sector productivo de Carril. Es más, existen buenos motivos para solicitar de Europa un trato específico para la almeja que aquí se cultiva. Que los espabilados de los franceses defienden una cosa para el resto y se lo toman con mucha más calma cuando se trata de lidiar con lo suyo pudieron comprobarlo en persona y en directo los miembros de la comitiva que Vilagarcía envió hace ya cinco años a a Granville (Normandía) con intereses comerciales en su feria del marisco. Para pasmo de la embajada e indignación sobresaliente de los mejilloneros arousanos, los responsables del equivalente al Centro de Investigacións Mariñas explicaron que su sistema de detección de toxinas y mareas rojas consistía en un proceso realmente concienzudo y altamente evolucionado. Los normandos situaban estratégicamente huevas de erizo en función de esas corrientes que nos trae el Señor. Dependiendo de la suerte que corrían las semillas, los tipos tomaban la decisión de paralizar la extracción de marisco o continuar en la brecha. Estamos hablando de un lugar que entonces exportaba a Galicia toneladas de volandeira.
Un trato particular
El asunto que interesa es este -ya tarda la consellería en buscar la aprobación de la UE para un trato particular a Carril si este funciona ya en el banco natural de Ferrol- pero también la actitud que Maneiro antepuso a cualquier otro razonamiento: la institución encargada de velar por el cumplimiento de las leyes no puede mirar hacia otro lado. Si la norma está mal o es injusta, cámbiese. Pero en ningún caso puede saltarse a la torera. Parece de cajón, pero si se hubiese aplicado el mismo rasero a todo, hoy no habría una grave denuncia sobre la mesa de la alcaldía.