Hubo un tiempo en el que las sirenas de las fábricas de conserva marcaban la vida de A Illa. Entonces, una decena de factorías daban de comer a la mayor parte de las familias de una localidad que, más que nunca, empezaba a mirar hacia el mar. Ese pasado que configuró el presente de la localidad ha engendrado una ruta turística que muestra a los visitantes todo el proceso de fabricación de la conserva. Ayer, ocho turistas llegados de Barcelona y Jaén participaron en ese recorrido guiados por las explicaciones de Ana, una de las trabajadoras de la oficina de turismo que alberga el Centro de Interpretación de la Conserva, al que, por cierto, se acerca un buen número de personas cada día.
Pioneros en Galicia
Dado que la ruta tiene como objeto la conserva, ningún lugar mejor para ilustrarla que el centro de interpretación. Sin dejar su entorno, los participantes en la ruta tienen ocasión de conocer cómo era el proceso de fabricación de las conservas de pescado y cómo era la vida de A Illa entonces, desde que en 1879 se fundó la fábrica de Goday, pionera en Galicia y que hoy alberga el centro de interpretación.
Del muelle a la fábrica
Como la materia prima de la conserva llega del mar, las explicaciones comienzan en la orilla, al pie del Muelle de Pau, a donde llegaban los barcos con el pescado para la fábrica de Goday. La visita va salpicando la historia con otros datos de interés sobre A Illa. Así, los participantes conocen que, a la hora de construir la Casa Consistorial, el arquitecto Manuel Gallego Jorreto quiso mantener en el edificio la evocación de la antigua vía por la que se transportaban las mercancías. Una vez en el interior de la fábrica, se siguen paso a paso los procesos que antes, como ahora, desarrollaba una mano de obra mayoritariamente femenina y que comenzaba su vida laboral a una edad muy temprana. Y la visita finaliza en los espectaculares jardines de Goday, tras haber conocido los turistas que en el patio de la casa de la familia se encontraban algún día las salazones.
Hasta tres rutas guiadas
La ruta se acaba ahí, pero para quien tenga ganas de más, A Illa ofrece otras dos alternativas: una visita al puerto y la lonja y la panorámica Un paseo por la ría. La inscripción en cualquiera de estas rutas puede hacerse en la oficina de turismo que alberga el centro de interpretación. El precio es de 1,5 euros por persona, excepto los menores de cinco años, que no pagan.
Un taller de cómic
Y mientras los turistas disfrutan del paisaje y de la oferta cultural de A Illa, en la biblioteca de la localidad Ángela Otero, su responsable, no deja de idear propuestas para que los niños se inclinen hacia la lectura. En esta ocasión ha tenido la colaboración de Carmela González Pintos, una ilustradora que impartirá un taller de cómic para los niños de la localidad que deseen participar. La actividad se desarrollará el día 23, entre las once de la mañana y la una de la tarde, en el jardín exterior de la biblioteca, aunque en caso de lluvia se optaría por otra ubicación. Las plazas son limitadas, para veinte chicos de ocho a trece años. Los chavales harán una descripción y después se intercambiarán las tarjetas para que cada uno diseñe la historia que ha ideado otro compañero. Una interesante propuesta.