En ocasiones, a Tomás Fole le puede una cierta incontinencia verbal. Su algarada en el pleno del pasado lunes instando a los comerciantes a que abran los domingos al hilo de las quejas de estos por el centro comercial de Megasa no parece la mejor forma de sofocar un incendio que el alcalde no ha sabido, o querido, apagar. Si el comercio no abre en Vilagarcía ese día es porque directamente ya le cuesta vender entre semana, porque esta ciudad tiene tanto turismo como Albadalejo y porque, al igual que el regidor, sus propietarios y empleados también tienen derecho a descansar. Que Fole sugiriera incluso que los domingos está dispuesto a irse de tiendas fuera del municipio que le ha tocado gobernar, y que le paga religiosamente cada mes, parece otra salida de tono poco afortunada.
El alcalde tiene desde hace tiempo un problema con los comerciantes. No conecta con ellos. Que no se entiende con la directiva de Zona Aberta es un hecho evidente, pero se equivoca si cree que el conflicto se limita a eso. La distancia también está en la calle. Ayer, en Nata, las empleadas de dos comercios condensaban el asunto entre churro y churro: «Así que Fole quiere que trabajemos el domingo... ¡Qué majo!». Lo dicho, un abismo...