Anecdotario de las «festas» de O Salnés

José Ramón Alonso de la Torre
J.R. Alonso de la Torre REDACCIÓN / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

La normalidad consiste en volver a comer pulpo, callos y almejas en los festejos sabrosos del calendario

12 jul 2021 . Actualizado a las 11:51 h.

Estos días se celebra en Meis la Festa dos Callos. Es un paso más hacia la normalidad y la normalidad en esta comarca, ya se sabe, son las fiestas gastronómicas. Ya sean del mejillón o del longueirón, de la almeja o de la navaja, de la tortilla, el tinto, la empanada o el pulpo. Si hay fiesta gastronómica es señal de que todo está en su sitio y si no, malo.

Cada fiesta tiene su historia y si no, se inventa. La de los callos de Meis tiene su origen, como contaba Rosa Estévez este jueves en La Voz, «en los tratantes de ganado y sus clientes, que durante el siglo pasado tenían en esta pequeña localidad de O Salnés el centro de su mundo. En O Mosteiro se celebró, durante muchísimos años, uno de los mercados de ganado más importantes de la provincia. Después de una intensa mañana, los ganaderos se desplazaban a los bares que había en el entorno de la plaza y comían, con apetito insaciable, los callos que allí les servían. Cuando el mercado inició su declive, los callos fueron la excusa perfecta para reunirse con los amigos. Y de aquellos encuentros acabó surgiendo una fiesta capaz de desafiar la lógica estival».

La verdad es que las fiestas gastronómicas desafían la lógica estival y todas las lógicas. Para empezar, no hay pueblo, aldea ni parroquia sin festejo dedicado a un producto o a un plato. Como casi todas las recetas y materias primas están escogidas, hay que buscarse la vida y encontrar un plato sin «dueño».