Desde Carril, la presidenta del marisqueo a pie alza una voz potente y rebelde. Cree que a su oficio le han puesto «data de caducidade», pero ella no va a dar la batalla por perdida
03 ene 2026 . Actualizado a las 12:44 h.La sociedad cultural O Gato Negro es uno de los elementos imprescindibles de O Carril. No es de extrañar que a María Porto la encontremos allí, mientras hace una pausa para tomarse un café en medio de una de esas jornadas maratonianas que llegan encadenadas al mes de diciembre. Estamos en plena campaña de Navidad y a la presidenta de la agrupación de marisqueo a pie le hierve el teléfono. «Polo menos, a campaña está indo ben», dice cuando cuelga la enésima llamada. Pero al hablar, María sonríe solo a medidas: ella mejor que nadie sabe que los buenos precios de estas últimas semanas no son más que un espejismo. «Isto non arranxa nada», sentencia. Porque, a estas alturas, el gran problema del sector, para el que no hay solución a la vista, es que en la ría no hay marisco. «Os biólogos sempre nos din que hai moitos alevíns nos lombos [el gran banco marisquero de la desembocadura del Ulla]... Pero a nós de que nos vale que haxa alevíns, se hai algo que fai que non cheguen a tamaño comercial nunca? Morren antes!».
Estas preguntas que María lanza sobre la mesa del Gato Negro las ha lanzado antes, muchas veces, sobre otros muchos tableros. Se las ha lanzado a los responsables de la Consellería do Mar, a los técnicos que realizan los muestreos. Las respuestas las recibe envueltas en buenas palabras, pero sin hechos que las acompañen, lo que la ha convencido de que «o marisqueo molesta no mar. Iso non mo quita ninguén da cabeza». Si no fuese así, señala, «non tería pasado un ano dende que os responsables de a pé de Arousa presentamos unha solicitude para falar coa consellería da situación na ría». Si no fuese así, insiste, la Administración prestaría un poco de atención a la experiencia acumulada por el sector y ponderaría las soluciones que este traslada en las reuniones. Si no fuese así, «non gastarían os cartos facendo campañas para o relevo xeracional do mar mentres a xente que está no mar está nunha situación de precariedade total. Quen vai querer vir para aquí? A xente nova está marchando, só quedan as mulleres as que lles falta pouco para xubilar... Eu, que queres que che diga. A min encántame o meu traballo, pero tal e como están as cousas, moito me temo que non me vou xubilar no mar».
Y pensar en eso, dice, la hace enfadar. «Pode que teña que acabar marchando, pero mentres estea aquí vou seguir loitando», dice. Luchando para que se produzca un cambio en las políticas que se hacen desde arriba y también en los comportamientos de la gente del sector. «Todos temos que facer cambios e todos temos que mellorar», dice una mujer que heredó su carácter de su madre. De ella le viene, también, su conocimiento del mundo del marisqueo: «A miña nai sempre di que escollía moi ben as ameixas dende ben pequena», comenta. Y ahora sí que se les escapa una sonrisa pensando en aquellos años felices, en los que cada vez que tenían que hacer planes, ella y sus amigas iban «onde o señor Verino e o señor Manolo e preguntabámoslles se ía chover. Eles miraban para un lado e dicían, ‘hoxe non'; e logo para o outro e dicían, ‘e mañá tampouco'».
Aquellos buenos tiempos quedaron atrás. «Cando eu entrei no marisqueo, a miña nai dicíame que riadas hóuboas sempre. É certo, pero viñan unha vez cada cinco anos; nós, en cinco anos, tivemos tres», dice. Reconoce que antes «a xente traballaba mellor o mar», que el trabajo se hacía con más empeño y que quien se dedicaba a él, conocía todos sus secretos, como que los bígaros, «cando andan soltos, é porque hai un problema de riada ou de contaminación. E así os ves hoxe pola praia, a bailar a farsa», comenta.
Las señales de alerta están todas encendidas desde hace tiempo. «O cambio climático está aí, a contaminación tamén», dice Porto. Y a esta mujer, uno de los rostros visibles de la Plataforma en Defensa da Ría de Arousa, la voz se le torna más dura cuando habla de «todo o que vén polo río Ulla abaixo», cuando pone nombre a los peligros que acechan ría arriba: Altri y la mina de Touro, dice, son dos proyectos que de llevarse a cabo certificarían la muerte de una forma de vida que hizo prosperar la costa gallega. «E a xente está desanimada, resignada». A ella, sin embargo, le sobra empuje y fuerza, incluso, para arengar a un Obradoiro repleto. «E iso que a min me gusta máis cantar que falar», dice con una sonrisa la mujer que hizo sus pinitos como cantante. Su voz, desde luego, no es de las que se apagan.