Dicen que a las personas se las conoce de verdad en los momentos difíciles. Y dicen bien. Uno conocía a Jesús Alonso padre de un amigo; luego conoció a Jesús Alonso el empresario; posteriormente, a Jesús Alonso el político; y, en Guatemala, a la persona de Jesús Alonso. Desde entonces, el orden se ha invertido y todas las sensaciones se han agrupado en una, que es, si cabe, la de más valor: la persona, por encima de todo. El presidente de Jealsa, a la sazón alcalde boirense, dejó boquiabiertos a todos la fatídica noche del incendio. Hay que ser de una madera especial para no perder los nervios y mantener el tipo ante semejante suceso, a pocas horas de la partida de un proyecto ilusionante para la familia, para Guatemala y para el propio pueblo de Boiro, cuya sombra se proyecta en Centroamérica, de la mano de Jesús Alonso. Llegó la desgracia en vísperas de la alegría y Alonso se plantó en Puerto Quetzal aún cuando las llamas se resistían a la efectividad de los bomberos. A lo largo de los cien kilómetros que separan la planta de la ciudad de Guatemala, no paró de hablar por el teléfono móvil: «Santy, ánimo. O máis importante é que todos estades ben...» «¿Cómo estás Javier? Todo ten arreglo, menos a morte e todos estades ben. Eso é o bo. ¿Como está a situación? Non fagades tolerías». Nunca perdió el tipo, quizás consciente de que si él se hundía arrastraría a los demás, la mayoría sumidos en un mar de lágrimas. Y con el siniestro ante sus ojos, abrazó a sus trabajadores y todas sus instrucciones miraron siempre a los hombres y a las mujeres. Seguro que Jesús Alonso descubrió allí a otras personas a las que hasta entonces conocía como trabajadores, como competencia e incluso como rivales. Y eso es lo bueno de la tragedia, que abre los ojos a la realidad, y en ella triunfa el padre, el empresario, el político; la persona por encima de todo.