Los padres convocan una protesta por el estado del muro que rodea el colegio de Olveira

BARBANZA

16 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El colegio ribeirense de Olveira tiene una ubicación envidiable: sus ventanas miran a las dunas y el mar de Corrubedo. Sin embargo, a quien se acerca hasta el edificio los ojos no se le van al paisaje. Hay algo que llama mucho más la atención, y no por su belleza. Se trata del muro que rodea por los cuatro costados el inmueble educativo; un viejo cierre de hierro y cemento que se cae a trozos y pone los pelos de punta a cualquiera. Precisamente, hartos de llamar y llamar a la puerta de Educación sin respuesta alguna, los padres de los alumnos acaban de convocar una manifestación para dar a conocer la lamentable situación del cierre perimetral.

Así, el martes, poco antes de la hora del recreo, concretamente a las 11.45 horas, el colectivo de padres tiene previsto plantarse en el centro para reclamar a la Xunta una solución. Los argumentos que llevarán a los progenitores a protestar saltan a la vista con un simple recorrido por el recinto educativo.

A simple vista

De hecho, no hay nada como visitar el colegio de Olveira a la hora del recreo para entender el malestar de la APA Monte Tahume. Los niños corretean a escasos metros del renqueante muro y a los profesores no les queda otra que no sacarles la vista de encima para evitar una desgracia. «Nunca pasou nada, pero está claro que non se poden achegar a el, iso é un auténtico perigo», dice uno de los docentes. Y no hace falta ser técnico alguno para darse cuenta de que este hombre lleva razón.

No hay casi centímetro del muro en el que los oxidados hierros no se dejen ver entre el aglomerado que se va cayendo pedazo a pedazo desde hace años. A mayores, desde que se inició el curso hubo varios desplomes más y ahora mismo hay zonas donde el hueco mide más de un metro y otras donde el hormigón y los hierros están totalmente inclinados y aparentemente a punto de caer.

Aunque comparándola con el muro está bastante sana, hay que decir que la cornisa de una pared del edificio educativo -también de hierro y cemento- tampoco se libra del paso de los años y tanto profesores como alumnos comprueban a diario como también hay desprendimientos de hormigón bajo ella.

Cercanía al mar

No es casualidad que tanto la cornisa como el muro estén hechos polvo. Que el colegio esté a tiro de piedra del mar de Corrubedo tiene mucho que ver. Los profesores y los padres cuentan que la cercanía del agua salada fue oxidando sobremanera el hierro y este acabó por destrozar el hormigón que lo recubre. Eso, y el paso de los años, puesto que el centro abrió sus puertas en 1985 y hay pocos síntomas de que se hiciesen en el muro las labores de mantenimiento oportunas.

Sea por una o por otra cuestión técnica, el caso es que tanto la dirección como los padres están hartos de quejarse a Educación. Y es que, año tras año, tanto unos como otros alertan a la consellería del problema. De hecho, aunque ahora han decidido pasar a la acción, los progenitores también enviaron un documento al delegado provincial de Educación.

En el escrito, los padres le recuerdan que la dirección lleva desde 1999 alertando de la peligrosidad que entraña el muro. Explican que no es la primera vez que la APA pide que se repare el cierre y le advierten de que van a tomar las medidas de presión que consideren necesarias. Y, antes de despedirse, insisten al delegado: «As deficiencias poden ocasionar un grave accidente no colexio».