A ver si me explico, que ya van unos cuantos escritos sobre el tema y nadie me hace caso, lo que considero normal, pero al menos a ver si alguien lo entiende, que no es tan complicado. Una playa sin orilla es como un bosque sin árboles. Hago este símil por si los dirigentes, jefes e ingenieros de Costas, la ministra de Medio Ambiente y todo el personal a su cargo, el alcalde de Boiro y la empresa adjudicataria de la atrocidad cometida en Barraña fuesen todos del interior, a ver si con la comparación del bosque lo entienden.
A todos estos responsables, y más, del relleno de Barraña con arena de cantera en bruto aderezada con caolín, les comentaré que la orilla, esa franja donde el mar y la arena se juntan, es el área más apreciada por los que disfrutan yendo a la playa.
En esta zona es donde los niños hacen sus castillos de arena esperando a que suba la marea, en una batalla que tienen perdida de antemano pero en la que nunca se rinden. En la orilla los jóvenes juegan sus partidos alejados de quienes toman el sol y los mayores disfrutan de sus paseos tranquilos, con el agua acariciando sus tobillos. En esta zona es donde Sorolla hubiese pintado su famoso cuadro.
Con la marea alta, en Barraña, la orilla, ese lugar tan preciado, simplemente ha desaparecido. En la playa de Barraña, cuando sube la marea, todos se van retirando sin poder hacer ninguna otra cosa que torrarse al sol en arenas polvorientas con toallas de dos plazas. Es fácil imaginar que ninguno de los responsables de parir, aprobar, controlar o ejecutar esta obra, tienen interés alguno por disfrutar de esta playa.
Pero por favor, hagan como que sí lo tienen. Muestren un poco de interés por el entorno donde trabajan. Posiblemente el entorno más valioso de nuestro pueblo. Imagínense que sus padres o sus hijos pequeños son los que van a querer bañarse este verano y disfrutar por la orilla. Imaginen que son turistas y puede que decidan no volver. Imaginen incluso la cantidad de pisos que quedarán sin alquilar y sin vender.
Piensen cómo sería la playa por la que a ustedes les gustaría pasear o en la que sus hijos pudiesen jugar y déjenla exactamente así, ni más, ni menos. Alisen la playa ahora, que todavía están a tiempo. O retiren la arena o empújenla hacia el mar. Una playa no es un parapeto para proteger una balaustrada, esa no es su finalidad.
No nos cambien la playa por un talud de arena. No es lo mismo. Como no es lo mismo el monte bajo que un bosque, le faltan los árboles, aunque ambos estén en la montaña. Ahora la playa de Barraña es el producto de unos ignorantes, de unos suicidas, de unos aprendices de brujo y de algún otro calificativo que entraría de lleno en el código penal. Y ya de paso terminen el paseo marítimo. Y retiren la bandera azul, aunque en el fondo ya significa muy poco, le queda muy grande.