Leo, diagnosticada de alzhéimer a los 58 años: «Lo que más miedo me da es no reconocer la cara de los míos»

MAZARICOS

ANA GARCIA

Tiene 59 años y una cuenta atrás en su memoria. Recuerda perfectamente su infancia, a sus abuelos, su boda, a sus hijos, a sus nietos... pero no lo que comió hoy. Es una víctima del alzhéimer

18 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace un año, Leónidas tenía una conversación más fluida que ahora mismo. Sufre lo que se conoce como el síndrome de la punta de la lengua, cuando quieres decir algo pero no te sale la palabra. Es solo una de las consecuencias del alzhéimer, la enfermedad que le diagnosticaron en el 2020 con tan solo 58 años. «Cuando me lo dijeron me vine abajo, pero no podemos elegir. Yo tenía un hijo de 19 años y se murió en un accidente de coche. Fue un palo muy fuerte, pero no se escoge», dice resignada Leónidas López, vecina de Arcos (Mazaricos). Aunque por instantes la conversación se detiene, quizás porque su cabeza está buscando la palabra, de momento es muy fluida. Me cuenta sus temores, que son muchos, pero sobre todo insiste en el miedo que le produce ir perdiendo poco a poco la memoria. «Lo pienso todos los días, el que no llegue a conocer a mis hijos, a mi familia», confiesa.

 También le asusta la soledad. Pero esa situación apenas se da. Manuel, su marido, se ha convertido en su sombra y no la pierde de vista en ningún momento. «Me da mucho miedo salir de casa sola y no saber volver. De momento, no llevo la dirección encima porque él siempre está pendiente. Pero también tengo miedo si me quedo sola en casa, se me pone algo en el pecho como si no pudiera respirar», dice.

No es frecuente que la enfermedad debute a estas edades tan tempranas, más aún cuando no tiene un componente hereditario. Ni sus abuelos, ni sus padres de 88 y 72 años, que «están de maravilla», lo han sufrido, así que no se explica por qué el destino le va robando poco a poco los recuerdos. Leo, como la llaman cariñosamente, trabajaba en una granja, y fue allí donde sus compañeros detectaron que algo no iba bien. Empezaron a notar que se le olvidaban palabras de manera habitual, y que ella no se daba cuenta. Estos olvidos hicieron saltar las alarmas, y enseguida su familia consultó con los médicos, que inicialmente no le dieron importancia, ya que lo achacaban al estrés. «Me decían que eran despistes, despistes, hasta que mi hija, que vive en Barcelona, se plantó y dijo: ‘De despistes nada, que no se acuerda de si hemos hablado por teléfono'», explica. Con el diagnóstico ya firme, su marido y sus tres hijos quisieron ponerla en las mejores manos, y aunque al principio ella puso bastante resistencia, acabó aceptando que ir al centro terapéutico que AFAFeS (Asociación de familiares de personas con demencia y alzhéimer de Fisterra e Soneira) tiene en Cee, era lo mejor. «Pensaba que se iba a quedar en un centro de día durante ocho horas con personas que estaban mal en todos los aspectos, que lo que iba a hacer no le iba a servir de nada. Pero es que AFAFeS es un centro terapéutico, ella viene a prevenir un deterioro más rápido, porque la enfermedad va a ir a más. En cuanto vio que le podía ayudar, lo aceptó», explica Mariña Lema, la terapeuta ocupacional que junto a Cristina, la psicóloga, se encarga de Leo.