«Mi mayor miedo es a salir y contagiar a mi madre»

El cierre del centro de día de Ribeira ha obligado a Juana Gude a cambiar sus rutinas para atender a su progenitora

Fotografía de archivo del centro de dia de Ribeira
Fotografía de archivo del centro de dia de Ribeira

Ribeira / La Voz

El estado de alarma y las restricciones impuestas en cuanto a la movilidad de las personas y el cierre de negocios y servicios se ha llevado por delante prestaciones tan fundamentales como los centros de día de personas mayores, clausurados como una medida para prevenir los contagios entre un colectivo especialmente vulnerable al COVID-19. Esto ha supuesto un cambio importante en la vida de muchas familias, como la de María Paz. Ella es una de las usuarias del centro que Agadea tiene en Ribeira, de hecho fue quien lo estrenó, pero desde el pasado día 13 no puede acudir a las instalaciones y está confinada en su casa junto a su hija: «El mayor miedo que tengo es a salir y contagiar a mi madre», cuenta Juana Gude.

Ella es parada de larga duración, así que el trabajo no es un problema para cuidar a su madre, pero el cambio de rutinas les ha afectado a todos: «Lo llevamos bien. Yo no me aburro, se me va la mañana en atenderla a ella y hablar por teléfono, nunca lo hice tanto como estos días. Mi madre está bien, a veces se despista un poco y el otro día me preguntó cuándo iba acabarse esto para volver al centro de día. Asiste encantada».

Las instalaciones de Agadea están destinadas a mayores con alzhéimer y otras demencias, unas personas para las que estar encerradas y alterar sus rutinas resulta especialmente complicado. De momento, aunque vive en un piso, María Paz se está adaptando bien: «Hace ejercicios, calceta, camina por el pasillo, lee el periódico... Hay que mandarla hacer cosas para que se mantenga activa, pero las hace. Lo que más le apetece es calcetar. Y la asociación nos envió unas fichas, unos días hacemos sumas y restas, otros coloreamos, otros practicamos caligrafía... vamos alternando las tareas», manifiesta Juana.

Con inquietud

Reconoce que sobrellevar la situación en un piso del que María no puede salir para nada «es muy complicado». «El otro día la puse en la ventana porque es bueno que le dé el aire y el sol, pero le cogió el frío y no quiero arriesgarme», apunta. El encierro desorienta a su madre, pero Juana prefiere no arriesgarse a que enferme en este momento.

De hecho, esa es su principal preocupación: «Cuando sales de casa tienes esa inquietud porque puedes traer algo de fuera y mi madre va a cumplir 90 años y tiene muchos problemas. Aunque salió de muchas, de esto no creo que saliera». Por eso todas las precauciones son pocas, pero no siempre es fácil cumplirlas: «No hay mascarillas, y guantes compré una caja, pero esto se está alargando y no hay donde comprar más». Otra cuestión que le preocupa son las noticias que circulan sobre posibles positivos: «Ves muchísimos bulos por las redes, y asustan».

Pero Internet y las nuevas tecnologías también aportan cosas positivas al encierro de María, el contacto con la familia que estos días no puede ir a visitarla: «¡Las videollamadas nos dan la vida! Puede ver a sus hijos y a sus nietos, todos la llaman y es una maravilla».

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