Crónica | Los sucesos, un atractivo más para los visitantes
21 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?ucedió en diciembre de 1992. El Mar Egeo embistió las rocas de la península de la Torre y allí quedó encallado, escupiendo al Atlántico su veneno negro. Su osamenta oxidada todavía duerme bajo el encaje de espuma de la península de la Torre. No se puede ver, sólo adivinar en el lecho marino. Cuando el puente del petrolero todavía se asomaba sobre las rocas se convirtió durante meses en uno de los grandes atractivos para los viajeros que pisaban entonces suelo coruñés. En la siguiente primavera, la de 1993, el Xacobeo y el Mar Egeo se aliaron para dejar A Coruña sin una plaza libre en los hoteles de la ciudad. Cientos de turistas -llegados de Madrid, Cataluña y el sur de España- se acercaban a la Torre para retratarse ante los restos del paquebote, que habían recorrido las pantallas de televisión de todo el planeta. Es el turismo de sucesos. En los últimos dos lustros, cada catástrofe ha atraído al lugar de los hechos a curiosos y mirones, animados por la globalización de las noticias. Volvió a ocurrir en septiembre de 1996, cuando un aluvión de 100.000 toneladas de basura cayó al mar en la cala de O Portiño, cobrándose una víctima mortal y provocando una de las mayores catástrofes ecológicas de la historia de A Coruña. El derrumbe del vertedero no fue una excepción. Hasta Bens llegaron televisiones, cámaras, periodistas y, por supuesto, los inevitables mirones, que por aquel entonces todavía sacaban fotografías de las desgracias ajenas con sus cámaras convencionales. La era digital ya estaba allí para recibir la marea negra del Prestige. Fue en noviembre del 2002. Las cámaras digitales y los teléfonos móviles capturaron los escenarios manchados de fuel en la costa coruñesa. La ciudad no fue de las zonas más afectadas por la catástrofe, pero muchos turistas se acercaron a la Casa de las Peces para retratar el hocico teñido de negro de las focas. La Rotonda El martes se desató el enésimo suceso en la ciudad. De nuevo el mar estaba detrás del biombo. Tres olas hirieron de gravedad a un hombre, que perdió parte de su pie derecho al recibir el impacto de un banco de 900 kilos de peso. El Atlántico desplazó las baldosas y los bancos como si fueran hojas muertas sobre el tablero de la Rotonda de las Esclavas. Y allí aparecieron los curiosos para contemplar el espectáculo de la espuma, con olas de hasta ocho metros contra las rocas. Los móviles salieron a escena para fotografiar el temporal y sus devastadores efectos. Los mirones, trece años después, volvían a hacer turismo en A Coruña.